28-09-2011: TODOS SOMOS ETA

by flagrant

Sin principio ni fin. Esa es una de las características sustanciales del círculo. En el centro del círculo podemos ver la palabra de la discordia. 236.000.000 resultados en Google con una simple búsqueda entrecomillada. “ETA”. Cuando surge en cualquier conversación esta palabra, como un huracán, como el epicentro de un terremoto entre amigos, compañeros o conocidos, no hay paz posible. Ni siquiera entre aquellos que conservan la calma. Toda disidencia del discurso negacionista, de cualquiera de los dos frentes, supone un ataque frontal al concepto integrador del nosotros. Todos somos yo, pero al mismo tiempo somos incapaces de establecer el discurso del nosotros más allá de nuestros valores. De ese modo tan egocéntrico construimos una realidad donde ellos no pertenecen a nuestro círculo, están fuera de esa frontera que establece culturalmente el ser humano en su sentido social.

Hoy leo en El País otra noticia más del eterno retorno patrio. El Tribunal de Derechos Humanos confirma la indemnización a Otegi. “El tribunal europeo admitió que las expresiones de Otegi, en sí mismas, pueden ser consideradas como un lenguaje ‘provocador’ y ‘hostil’ hacia la institución de la monarquía pero no exhortan al uso de la violencia, y no se trata de un ‘discurso de odio’ (…). Una pena de prisión por una infracción cometida en el ámbito de un discurso político no es compatible con la libertad de expresión garantizada en el artículo 10 del Convenio”. Todos somos europeos, ellos, los acusados y los acusadores. En realidad, en este infantil juego del corro de la silla, cuando cualquiera se queda fuera se convierte en terrorista. ¿Quién no ha sido acusado de etarra por discrepar de lo que decía el de enfrente? No nos damos cuenta que entre todos nosotros construimos a ETA.

Ahora podemos hablar de triángulos. Mou-Pep-Sandro. Incluso desviar nuestro trazo hacia un cuadrado añadiento un vértice florentino. En el fondo todo es dar vueltas sobre un mismo círculo, el nosotros y el ellos. Hacedlo sin odio al menos.

La danse de Henri Matisse (1909)