DE ÁGUILA A ARDILLA, O LA HISTORIA DEL GRAN RAZAK por snedecor

Somos campeones del mundo de fútbol. La leche. Supongo que debería decir algo sobre ese histórico acontecimiento, pero hoy no analizaré el juego o la trayectoria de la selección, ni hablaré del pasado de ninguno de sus componentes. Dejo los homenajes para otros. Hoy, mientras los ecos del Mundial todavía retumban en nuestros corazones, me apetece cambiar de registro. Porque el protagonista de hoy ni siquiera ha estado en la Copa del Mundo (y es difícil que llegue a disputar alguna), pero la suya es una de esas grandes historias humanas que uno se encuentra de cuando en cuando en el mundo del fútbol y que merecen ser contadas.

La primera vez que oí hablar de Razak Omotoyossi (08/10/1985) fue en septiembre de 2008, durante las primeras jornadas de la fase de clasificación africana para el Mundial, y fue gracias al juego tipo liga fantástica que organizó la FIFA durante las eliminatorias mundialistas. Uno de los muchos cracks que pueblan un foro por el que me dejo caer a menudo y que está dedicado a ese tipo de juegos, me sorprendió al fichar a un delantero de Benín, muy barato, que no sólo jugó su partido (algo ya bastante complicado de acertar en las selecciones africanas menos importantes) sino que además marcó dos goles, dándole a ese avatar del que os hablo una importante suma de puntos para el juego. Tras felicitarle por su elección le pregunté los motivos del fichaje, y me comentó que la temporada anterior este mismo futbolista le había dado también muchos puntos en el juego de la Copa de la UEFA, cuando estaba en un equipo sueco. Desde ese día Omotoyossi fue un fijo cada vez que había que rellenar el equipo con jugadores de bajo coste, y entre su sonoro nombre y que solía marcar con bastante frecuencia, “el gran Razak” se convirtió en una especie de ídolo friki del foro, más aún al conocer que en ese momento pertenecía al exótico Al-Nasr de Arabía Saudí. Nadie se preocupó por indagar más, y reconozco que pensé que se trataba de uno de esos jugadores africanos cegados (ellos y/o sus representantes) por el dinero y que sólo mostraban lealtad a su país. Sin embargo, descubrir la razón hizo que decidiera mirarme seriamente el tema de los prejuicios. El descubrimiento, como casi todos, se produjo por casualidad. En enero de este año, durante la Copa de África, me topé con que el delantero de Benín protagonizaba la mayor parte de las previas del partido entre su selección y la de Nigeria, porque algunos analistas veían en el duelo una nueva oportunidad para su venganza. ¿La venganza de Razak? ¿De qué hablaban?

Pues justo de eso, de venganza, aunque luego supe que ya en 2008, antes de otro enfrentamiento contra las Águilas Verdes, el propio jugador había matizado que el resentimiento que efectivamente sentía no era hacia su país natal sino hacia los dirigentes de su federación de fútbol (“quiero que vean lo que se perdieron y se avergüencen de su comportamiento”, dijo entonces). Porque Razak Omotoyossi es nigeriano de nacimiento, y su vida y su carrera están marcadas por un delito que jamás cometió. Corría el año 2003 y a sus 17 primaveras Razak despuntaba en el Sunshine Stars de la primera división nigeriana gracias a su potencia y velocidad, pero la fatalidad y las obtusas mentes de los ejecutivos cortaron su carrera de raíz. En un partido de liga contra el Eyimba, el árbitro fue agredido y alguien señaló a Omotoyossi con el dedo. La federación nigeriana decidió usar el caso para dar ejemplo y sancionó al jugador nada menos que por 5 años, a pesar de que él juraba y perjuraba su inocencia. Al no poder contar con él sobre el campo, su club le retiró el sueldo, y de pronto el joven Razak se encontró en la calle. Literalmente. Mientras el caso se enredaba, Omotoyossi se vio obligado a vagabundear unos meses por las calles de Lagos, desesperado porque la federación no admitía como prueba un vídeo del partido en el que se veía claramente que él no era el culpable de la agresión al colegiado. Otro se hubiera dado por vencido y se hubiera buscado la vida de otra manera, pero Razak sabía que era inocente y, sobre todo, que su futuro estaba en el fútbol. Si en Nigeria no recapacitaban, buscaría otro lugar para comenzar de cero.

Casi tres años después, la federación de Nigeria acabaría por reconocer su error y le levantaría el castigo, pero ya era tarde. Habían perdido tiempo, credibilidad y al propio jugador, porque en 2004, tras un nuevo recurso fallido, el joven había cruzado la frontera con Benín. La sanción no tenía efecto allí, pues el asunto estaba tan poco claro que ni la FIFA ni la CAF habían querido otorgar carácter internacional a la decisión de la federación nigeriana, y gracias a su edad y a sus espectaculares condiciones futbolísticas no tardó en ser nacionalizado. El país organizaba la Copa de África sub’20 y el refugiado Omotoyossi les llegó como un regalo del cielo. Gracias a sus portentosas actuaciones, Benín llegó a semifinales y se clasificó para el Mundial de la categoría, el de Holanda 2005, en el que el veloz ariete hizo historia al ser el primer goleador de su país adoptivo en una Copa del Mundo. Sus compañeros nigerianos de generación alcanzaron el subcampeonato mundial, pero él consiguió algo tal vez más importante: convertirse en un héroe nacional para su nuevo país.

Y Razak siempre ha correspondido a ese cariño con goles. De hecho, con las Ardillas (como se conoce a la selección beninesa) sale casi a un gol cada dos partidos, un promedio nada desdeñable dado el nivel de Benín. Fue el máximo goleador de la fase de clasificación para la Copa de África 2008 (empatado con Samuel Eto’o), y marcó 8 goles en las eliminatorias mundialistas de 2010 pese a pasarse varios meses sin equipo y jugando sólo los partidos del combinado nacional, porque abandonó el Al-Nasr a los pocos meses de llegar y con el período europeo de fichajes ya cerrado. Hoy Razak juega en el Metz, en la segunda división francesa, club al que llegó envuelto en otra polémica (tras abandonar Arabia su representante denunció que en el precontrato firmado con los galos existía una cláusula que liberaba al jugador de su compromiso si el Metz no ascendía a la Ligue 1) y en el que le está costando retomar la senda goleadora (sólo 2 tantos la temporada pasada). Pero no hace demasiado tiempo Omotoyossi era considerado una de las grandes promesas del fútbol africano. Después de su buen Mundial sub’20 dio el salto a Europa a través del peculiar Sheriff moldavo (imperdible este artículo de Axel Torres sobre el club: http://www.marca.com/blogs/planeta-axel/2009/08/06/champions-league-en-transnistria.html), y tras dos años en la recóndita Tiraspol le llegó la oportunidad de demostrar su valía en el Helsingborgs sueco, que lo fichó para que formara pareja de ataque con el legendario Henrik Larsson. En su primer año en Suecia (2007), Razak fue el máximo goleador de la liga, y destacó también en la Copa de la UEFA 2007/2008, cuando tras acabar la fase de grupos aparecía en cabeza de la tabla de goleadores de la competición, igualado con su compañero Larsson y el italiano del Bayern Luca Toni, todos con 6 tantos. En enero de 2008 tuvo ofertas de Holanda y se rumoreó un presunto interés de varios equipos de la Premier, pero prefirió quedarse en el Helsingborgs para completar la campaña europea y una discreta actuación en la eliminatoria de octavos contra el PSV hizo que su caché se redujera.

Puede que entonces eligiera la peor salida, como reconoce en esta entrevista (http://thenationonlineng.net/web2/articles/32719/1/Benin-will-beat-Nigeria–Omotoyossi/Page1.html), y puede que no llegue a alcanzar el alto nivel que apuntaba, pero al menos ya sé los motivos de su espectacular rendimiento en los partidos internacionales. Porque cada vez que se viste con la camiseta amarilla de Benín, el gran Razak Omotoyossi sólo intenta dar lo mejor de sí mismo para devolver a su país de acogida un poco de lo mucho que le dieron en su momento: una oportunidad para comenzar una nueva vida.

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9 pensamientos en “DE ÁGUILA A ARDILLA, O LA HISTORIA DEL GRAN RAZAK por snedecor

  1. Curioso lo de grandes jugadores que, por uno u otro motivo, nunca jugaron un mundial. Da para un artículo.

    Que George Best, George Weah o Ryan Giggs no hayan jugado nunca un mundial podría entrar dentro de la lógica debido al nivel de sus selecciones (a Razak le pasará lo mismo).

    Para mí, dos de las ausencias más notables en los mundiales han sido Eric Cantoná y Alfredo di Stéfano. Imagino que hay muchos más.

    Cruyff por lo menos jugó uno…

    Saludos. Seguiremos a Razak.

    Un año vinieron a probar al Nástic dos jugadores de Benin, pero no sé si acabaron en el filial.

  2. Qué gran historia, Snedecor, y qué bien contada.

    Quizá el deporte es lo único que hoy día nos remite a las gestas de los antiguos héroes.

    Corren malos tiempos. Ya no hay batallashonorables, exploraciones increíbles o forjadores de leyendas imposibles de comprobar que sean de carne y hueso. Para esas cosas solo contamos con la imaginación y el deporte. Y a veces parece que solo en él encontramos ejemplos de superación porque sólo el deporte tiene la cobertura mediática para llegar a todo el mundo.

    Hablar de la leyenda de Garrincha o George Best es fácil, basta con entrar en Google y tener un mínimo de sentido común para saber buscar y escribir. Descubrir la historia de un chico injustamente tratado por su Federación y su país que se vuelca en su deporte y su fe en sí mismo para salir adelante exige mucha dedicación, conocimiento, pero sobre todo pasión.

    Como dijo Ramón Trecet en uno de esos momentos lúcidos que cada vez son más escasos: BE CARE.

    Hacia el fútbol, hacia nosotros.

    Gracias por compartir estas historias. Sigue así.

  3. Omotoyossi es mi ídolo, y eso que nunca le he visto jugar. Un crío que con 17 años y sin comerlo ni beberlo se convierte en cabeza de turco y se ve obligado a mendigar, y que se rehace y emigra a Benin sin saber ni papa de francés sólo para poder seguir jugando al fútbol, es muy grande. Marcharte a Moldavia (o a Transnistria, que tiene tela el sitio), triunfar al lado de Larsson y luego dejarlo todo para ir a Arabia porque te hace ilusión estar en la tierra santa de tu religión, es tremendo. Y encima marcando un porrón de goles con la selección de ese país que te acogió… lo dicho, mi ídolo. Ojalá se asiente en Francia

  4. Ha sido un verano movido para el Gran Razak. No acudió a Metz en la fecha indicada para su regreso de las vacaciones y fue inmediatamente colocado en la lista de transferibles para aliviar la carga salarial del equipo y liberar una plaza de extracomunitario, pero pese a estar a prueba en el Odense danés, el Blackpool y el Leeds, y a que el Metz estaba dispuesto a dejarle marchar gratis, ninguno de estos clubes se decidió a ficharle. Al final, el último día del mercado de traspasos, Omotoyossi ha acabado firmando por el Legia de Varsovia (donde se había rumoreado que iba a ir Morientes antes de que anunciara su retirada).

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