CONSTELACIONES una novela en construcción (ii)

Lo que voy a contarte hace años que lo guardo en las entrañas como una úlcera. Son silencios que uno es incapaz de pronunciar. Como la soga en casa del ahorcado. Hay recuerdos que se ahogan en la memoria, pero su cadáver tarde o temprano tiende a salir a flote desde la abisal inmensidad del olvido. “¿No lo oyes gritar? ¿No ves que está enfermo? – tras la puerta cerrada con llave por el hijodeputa borracho de su marido el llanto del bebé se hizo más débil.¡Me vas a matar!”.

– “Calla o lo haré. Necesito dormir”

Yo necesitaba todo lo contrario. Hacía años que había desarrollado la extraña capacidad de despertar sin recordar sueño alguno. Esa confortable insensibilidad amnésica con la que maquillaba mis heridas como el que pinta una pared llena de grietas me permitía descansar en paz. Por eso no fue una pesadilla si no un dolor ciego el que me despertó de madrugada. Pero el dolor sólo es una alarma, no es el motivo. La razón se esconde tras las puertas cerradas, se oculta en los cajones secretos de nuestra consciencia, se camufla como las lágrimas cerradas, como árboles en el bosque, se encierra tras el muro de la vergüenza y de la incomprensión. Ese es el motivo de que cerremos los ojos. No entendemos porqué. Y cuando no hay respuesta tendemos a creer que es mejor olvidar y omitir las preguntas. Nuestra seguridad se cimenta sobre la confianza, y las dudas, los interrogantes, son como el rumor de termitas a las que deberíamos exterminar pero que preferimos acallar aún a riesgo de que se desmorone nuestro mundo. Creer que no sufre el corazón de los ojos que no ven es vivir la mentira de una fe ciega. Yo necesitaba todo lo contrario. Despertar. Aprovechar esos momentos de lucidez con el coraje de enfrentarme a mi pasado. Recuperar mis sueños, mis pesadillas. Y, aunque escribir no es recordar, eso intento hacer ahora mientras golpeo las letras de mi teclado.  Uno recuerda con mayor o menor agrado, incluso aquello que cree olvidado, como quien admira las fotos de un álbum. En cambio cuando escribimos nos encontramos ante el miedo a equivocarnos, a no ser fieles y eso constantemente nos paraliza. A veces pensamos en dar la vuelta y echar atrás, borrarlo todo. Nos preocupa tanto equivocarnos que preferimos callar, a pesar del terrible estado de confusión en que nos sumerge esta amnesia provocada, esta amnesia cobarde. Es como querer gritar y al no tener voz pretender olvidar la impotencia ocultándola como un defecto inconfesable. Así nos encontramos constantemente ante un cruce y no sabemos que camino elegir. Muchas veces porque no sabemos a donde vamos. Otras porque no sabemos a donde dejamos de ir. Vivimos constantemente ante ese dilema, pero en realidad no es el hecho de elegir lo que nos agobia, si no que, una vez recorrido el camino, nos demos cuenta que nos hemos equivocado. Preferimos mirar atrás con nostalgia. Nos asusta enfrentarnos a la evidencia de los recuerdos amargos y nos aferramos a la idea ilusoria del yo inmutable para poder seguir adelante, cuando en realidad hay muchos yoes. Somos incapaces de comprender que hemos cambiado, que nadie se destruye sólo se transforma, y que es entonces cuando debemos asumir, sin volver atrás, que nuestro camino es otro. Que es necesario, urgente, irremediable,  dar un golpe de timón. Esta novela está llena de esas mentiras vividas, de cruces constantes, de reencuentros, de coincidencias, de virajes. Hace falta mucho coraje para reescribir tu vida porque a veces supone negar tu pasado. No obstante es una prueba de madurez cuando lo asumes como un proceso y no como un error. Sin la valentía de enfrentarme a mis fantasmas lo único que conseguí fue dar vueltas y vueltas, a la deriva, en un espejismo de ruta de la que no era dueño de su rumbo. Ahora sólo deseo reconocer cada huella de mi camino. Por más que me asalte el miedo, la precaución o como quieras llamarlo, ya no me asustan mis pasos ni mis descansos. Ni los que di ni los que me quedan por dar. Hay un tiempo para atracar y echar el ancla y un tiempo para izar las velas. Ya tendré tiempo de comprenderlos si estoy equivocado. Tendré tiempo de cambiar de rumbo si estoy equivocado.

No busques en estas páginas una novela con orden, donde todo está en su sitio, con un buen principio y un final sorprendente en el que la última frase es una revelación que no quieres descubrir hasta el último momento. Si eres meticuloso en ese aspecto no sigas leyendo, aquí sólo encontrarás caos. Y aunque todas las confesiones son lineales, la vida no es una recta, se compone de universos paralelos, de multitud de coordenadas. Por eso mi escrito se desarrolla entre mundos tangentes. Vidas que, sin coincidir, convergen como las estrellas conforme se desplaza la noche ocupando en el cielo el lugar de otra constelación. Así que presta atención. No leas justo antes de dormir. Si las palabras se deslizan ante tus ojos cerrados cuando los vuelvas a abrir por donde dejaste la hoja doblada tal vez no hayas visto más que una nebulosa donde existe un sistema. En cualquier momento puede surgir un eclipse o un cometa. Cualquier noche puede salir el sol. Mantente despierto. Con la curiosidad de un niño porque lo que pretendo es que mientras leas esta novela no dejes de plantear preguntas a todas mis respuestas. Que tengas que releer, cosa que nunca haces porque tu vida discurre plana, confiada, sin mirar atrás, acatando cada respuesta que te dan pensando que son tuyas. Así que si te gusta ir por caminos seguros, si prefieres que te encuentren a buscar el camino, huye como tantas veces has hecho, con tus miedos. Estás avisado, deja de leer.

–    ¿Por qué  continuas?
–    Y tú, ¿qué esperas?

Lo que voy a contarte hace años que lo guardo en las entrañas como una úlcera. Son silencios que uno es incapaz de pronunciar. Como la soga en casa del ahorcado. Hay recuerdos que se ahogan en la memoria, pero su cadáver tarde o temprano tiende a salir a flote desde la abisal inmensidad del olvido. “¿No lo oyes gritar? ¿No ves que está enfermo? – tras la puerta cerrada con llave por el hijodeputa borracho de su marido el llanto del bebé se hizo más débil.¡Me vas a matar!”.

– “Calla o lo haré. Necesito dormir”

Yo necesitaba todo lo contrario. Hacía años que había desarrollado la extraña capacidad de despertar sin recordar sueño alguno. Esa confortable insensibilidad amnésica con la que maquillaba mis heridas como el que pinta una pared llena de grietas me permitía descansar en paz. Por eso no fue una pesadilla si no un dolor ciego el que me despertó de madrugada. Pero el dolor sólo es una alarma, no es el motivo. La razón se esconde tras las puertas cerradas, se oculta en los cajones secretos de nuestra consciencia, se camufla como las lágrimas cerradas, como árboles en el bosque, se encierra tras el muro de la vergüenza y de la incomprensión. Ese es el motivo de que cerremos los ojos. No entendemos porqué. Y cuando no hay respuesta tendemos a creer que es mejor olvidar y omitir las preguntas. Nuestra seguridad se cimenta sobre la confianza, y las dudas, los interrogantes, son como el rumor de termitas a las que deberíamos exterminar pero que preferimos acallar aún a riesgo de que se desmorone nuestro mundo. Creer que no sufre el corazón de los ojos que no ven es vivir la mentira de una fe ciega. Yo necesitaba todo lo contrario. Despertar. Aprovechar esos momentos de lucidez con el coraje de enfrentarme a mi pasado. Recuperar mis sueños, mis pesadillas. Y, aunque escribir no es recordar, eso intento hacer ahora mientras golpeo las letras de mi teclado.  Uno recuerda con mayor o menor agrado, incluso aquello que cree olvidado, como quien admira las fotos de un álbum. En cambio cuando escribimos nos encontramos ante el miedo a equivocarnos, a no ser fieles y eso constantemente nos paraliza. A veces pensamos en dar la vuelta y echar atrás, borrarlo todo. Nos preocupa tanto equivocarnos que preferimos callar, a pesar del terrible estado de confusión en que nos sumerge esta amnesia provocada, esta amnesia cobarde. Es como querer gritar y al no tener voz pretender olvidar la impotencia ocultándola como un defecto inconfesable. Así nos encontramos constantemente ante un cruce y no sabemos que camino elegir. Muchas veces porque no sabemos a donde vamos. Otras porque no sabemos a donde dejamos de ir. Vivimos constantemente ante ese dilema, pero en realidad no es el hecho de elegir lo que nos agobia, si no que, una vez recorrido el camino, nos demos cuenta que nos hemos equivocado. Preferimos mirar atrás con nostalgia. Nos asusta enfrentarnos a la evidencia de los recuerdos amargos y nos aferramos a la idea ilusoria del yo inmutable para poder seguir adelante, cuando en realidad hay muchos yoes. Somos incapaces de comprender que hemos cambiado, que nadie se destruye sólo se transforma, y que es entonces cuando debemos asumir, sin volver atrás, que nuestro camino es otro. Que es necesario, urgente, irremediable,  dar un golpe de timón. Esta novela está llena de esas mentiras vividas, de cruces constantes, de reencuentros, de coincidencias, de virajes. Hace falta mucho coraje para reescribir tu vida porque a veces supone negar tu pasado. No obstante es una prueba de madurez cuando lo asumes como un proceso y no como un error. Sin la valentía de enfrentarme a mis fantasmas lo único que conseguí fue dar vueltas y vueltas, a la deriva, en un espejismo de ruta de la que no era dueño de su rumbo. Ahora sólo deseo reconocer cada huella de mi camino. Por más que me asalte el miedo, la precaución o como quieras llamarlo, ya no me asustan mis pasos ni mis descansos. Ni los que di ni los que me quedan por dar. Hay un tiempo para atracar y echar el ancla y un tiempo para izar las velas. Ya tendré tiempo de comprenderlos si estoy equivocado. Tendré tiempo de cambiar de rumbo si estoy equivocado.

No busques en estas páginas una novela con orden, donde todo está en su sitio, con un buen principio y un final sorprendente en el que la última frase es una revelación que no quieres descubrir hasta el último momento. Si eres meticuloso en ese aspecto no sigas leyendo, aquí sólo encontrarás caos. Y aunque todas las confesiones son lineales, la vida no es una recta, se compone de universos paralelos, de multitud de coordenadas. Por eso mi escrito se desarrolla entre mundos tangentes. Vidas que, sin coincidir, convergen como las estrellas conforme se desplaza la noche ocupando en el cielo el lugar de otra constelación. Así que presta atención. No leas justo antes de dormir. Si las palabras se deslizan ante tus ojos cerrados cuando los vuelvas a abrir por donde dejaste la hoja doblada tal vez no hayas visto más que una nebulosa donde existe un sistema. En cualquier momento puede surgir un eclipse o un cometa. Cualquier noche puede salir el sol. Mantente despierto. Con la curiosidad de un niño porque lo que pretendo es que mientras leas esta novela no dejes de plantear preguntas a todas mis respuestas. Que tengas que releer, cosa que nunca haces porque tu vida discurre plana, confiada, sin mirar atrás, acatando cada respuesta que te dan pensando que son tuyas. Así que si te gusta ir por caminos seguros, si prefieres que te encuentren a buscar el camino, huye como tantas veces has hecho, con tus miedos. Estás avisado, deja de leer.

¿Por qué  continuas?

Y tú, ¿qué esperas?

Anuncios

9 pensamientos en “CONSTELACIONES una novela en construcción (ii)

  1. NOTA A PIE DE PÁGINA:

    Para escuchar a partir del mínuto 1:03, el 2:13 o el 4:23. Son finales que empiezan sin cesar.

    Hola a todos. Supongo que estaréis pensando que de momento no sucede nada. Ah – ja – ja – ja – ja. Bien, de esto es de lo que quiero hablaros: finales. Hasta ahora, los finales normalmente estaban al final. Pero como todos ya sabemos, los finales sólo son comienzos. Ya sabes, una vez que una de esas cosas se ha puesto en marcha, es bastante difícil detenerla de nuevo. No obstante, ya que hemos llegado tan lejos, pienso que, bajo tales circunstancias lo mejor es que sigamos adelante. Sigamos en busca de este objetivo: nunca finalizar. Siento como aquí, en este país y por todo el mundo están pidiendo a gritos comienzos, comienzos. No queremos volver a oír esa palabra “finales”. Se que todos queremos sentarnos; que todos queremos que sea más fácil. Por supuesto que todos estamos buscando lo mejor. Por supuesto que estamos buscando un buen comienzo.

    ¿No es fascinante? ¿Sabes? Creo que voy a bailar. Ah – ja – ja – ja – ja… (baile) Ah – ja – ja – ja – ja… fascinante… ja – ja – ja… ¡CRASH !

    (Discurso de Margaret Thatcher del disco Amarok de Mike Oldfield)

  2. Flag, no consigo mandar el post, soy un inutil. Please escribeme al mnietod@sescam.jccm.es y te lo envio a vuelta de mail. Siento la inutilidad pero … pero pero
    que no doy para más con la informática

    un abrazo

  3. No continuo, salto
    No espero nada
    Voy alertando mis sentidos sobre lo gozoso; despego, hago fotos y las miro. Recuerdo y lloro, y rio, y pienso y duermo.
    …y vuelvo a dormir.

  4. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  5. Algunas de las frases que colgáis en los comentarios van a formar parte de los nuevos capítulos de la novela. Son extraordinarias.

    Lagartija,

    te volví a enviar el e-mail de wordpress. ¿Te ha llegado?

  6. Permanecen las incognitas.
    Personalmente me ha gustado mucho la segunda mitad del segundo párrafo, invita a la reflexión.
    Releer… con vosotros ya tengo práctica, que no os pillo la mitad de las veces. 🙂

    El discurso de la Thatcher no es de verdad ¿no?
    Los comienzos son excitantes, las continuaciones…¡ayayay!

  7. Liang,

    El discurso Margarat Tatcher que aparece en Amarok de Mike Oldfield es una recreación con una imitadora de un discurso real. El discurso existe y creo que por aquí o por el chat lo colgó docass. A ver si lo encuentro o alguien lo localiza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s