FÚTBOL Y NEGOCIO (II): EL VALENCIA JUEGA EN EL ALAMBRE por snedecor

Si el fútbol fuese rentable, los clubes serían propiedad de los bancos”. Tan lapidaria frase fue pronunciada por el mítico José Samitier hace ya más de cuatro décadas, lo que viene a demostrar que la relación entre fútbol y rentabilidad económica siempre ha sido caótica. Lo que seguramente no se imaginó el bueno de Samitier es que en 2010, aunque su razonamiento sigue plenamente vigente, sí hay bancos que “gestionan” clubes… más que nada, porque no les queda otra para recuperar sus créditos. Durante la interesante conversación que mantuve con FreeAssociated en los comentarios de mi anterior post, dejé caer que tal vez escribiera algo sobre la situación del Valencia. Lo hice a la ligera. Demasiado a la ligera. Porque si se tienen ganas de indagar, todo lo que ha acontecido alrededor de la gestión del Valencia C.F. durante los últimos años da para rellenar varios manuales sobre cómo no dirigir una empresa. Recalificaciones, juegos de poder, finiquitos multimillonarios, ruedas de prensa estrambóticas y sobre todo deuda, mucha deuda, son los ingredientes de una receta que, paradójicamente, ha acabado convirtiendo al equipo en el actual líder de Primera aunque económicamente el club siga pendiendo de un hilo. Por seguir un orden, me tomo la licencia de transcribir varios párrafos de un artículo que Marcos López, un bloguero que dio el salto a los mass-media y ahora ejerce de comentarista en varios medios (COPE, laSexta, Marca…), publicó en su bitácora “Futbolitis” en febrero de 2009.

http://blogs.terra.es/blogs/futbolitis/archive/2009/02/20/elvalenciaalbordedelabismo.aspx

“La espiral de la deuda arranca con Paco Roig, máximo mandatario entre el 94 y el 97, que deja el club con un lastre de 100 millones de euros. Tras la salida de éste, llega la austeridad y los éxitos deportivos. Pedro Cortés, Jaime Ortí y Manuel Llorente firman una época dorada donde el Valencia gana seis títulos y llega a dos finales de la Champions. La deuda crece a un ritmo aunque nunca de manera significativa, la gloria no sirve para reducir la deuda pero como mal menor se consigue equilibrar los números para que esta no se dispare. Llorente negocia a la baja, tensa la discusión y frena cualquier fichaje desproporcionado. La política del club está definida, incluso en la 02/03 no se gasta ni un euro en adquisición de jugadores. El límite salarial está impuesto, existe un criterio y este nunca excede del 52% del presupuesto.

Desde la salida de Roig, las ventas superan las compras con excepción de la campaña 99/00 donde el club compra por 15 millones a Baraja, Kily González, el flaco Pellegrino y Juan Sánchez, y vende por 8’5 millones a Schwarz y Juanfran. El equilibrio es el objetivo primario pero nunca se consigue el fin último que es rebajar deuda, así lo reflejan las cifras de la 98/99 donde se compra por 2’2 millones a Serban del Steaua y se vende por 8’5 al Burrito Ortega.

La época de gloria en lo deportivo trae el salto cualitativo en los ingresos por venta de jugadores. En el ejercicio de la 00/01, el club vende por 65 millones a Gerard, Claudio López y Farinós, comprando por 51 millones de euros al payaso Aimar, Ayala, Deschamps, Carew o Zahovic. En la 01/02, el club vende por 50 millones (Mendieta y Bjorklund) para comprar por 10 millones de euros a Salva Ballesta. En las dos últimas temporadas de un consejo de administración riguroso y austero, el club ingresa 1’5 millones por la ‘cobra’ Ilie y no gasta ni un céntimo en adquisiciones en la 02/03 para vender por 3 millones al Kily y comprar a Sissoko por 1 millón en la 03/04. Se cierra un ciclo, el club durante este periodo ha vendido por valor de 135 millones, las compras han supuesto 79 millones de euros. El balance deja al Valencia en +56 millones pero eso no impide que la deuda aumente hasta los 125 millones de euros, de los cuales 100 millones son la mochila que ha dejado Paco Roig.”

Es decir, que tras el derroche de Roig en los primeros años de la SAD, ni siquiera una gestión mesurada y racional permite al club rebajar la deuda, aunque al menos se logra mantenerla en unos niveles “aceptables” que no tendrían por qué comprometer la viabilidad futura de la entidad. Al mismo tiempo, y pese a los vaivenes en forma de cambios de entrenador, fichajes no solicitados (“pedí un sofá y me trajeron una lámpara” Benítez dixit) y otras menudencias, el Valencia disfruta de su etapa más gloriosa en cuanto a títulos, señal de que la eficiencia económica y deportiva no es una utopía en el fútbol europeo (partiendo de la base de que se trata de un negocio deficitario per sé, es decir, de un negocio que no es un negocio, aunque luego en realidad para algunos sí lo sea). Pero el brillo del éxito atrae muchas miradas, y en este caso los que miraban con ojos golosos no supieron entender el secreto del triunfo. En 2004, el empresario Bautista Soler “regala” a su hijo Juan el control del club, al adquirir el paquete accionarial que todavía poseía el antiguo presidente Paco Roig. Así, Juan Bautista Soler se convierte en el accionista mayoritario (con un 37% de las acciones) y, aunque al principio deposita su confianza en el entonces presidente Jaime Ortí, no tarda mucho en acaparar todo el poder. En octubre de 2004, Ortí se ve forzado a dimitir por las presiones de Soler, que ocupa el cargo encantado de conocerse. Su promesa es la de elevar al Valencia hasta el nivel deportivo y económico de Madrid y Barça, pero se olvida de que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Vuelven el despilfarro, los fichajes multimillonarios de futbolistas sin pedigrí y otras maniobras poco inteligentes que elevan la deuda exponencialmente. Retomando el excelente análisis de Marcos López:

“Vayamos con los fichajes, en la 04/05 el club compra a Di Vaio, Fiore, Caneira y Corradi por 36 millones de euros, vendiendo por 3’5 millones a Carew. En la 05/06 se compra por 21 millones a Villa, Miguel y Regueiro para vender por 8 a Sissoko. En la 06/07 se compra por 50 millones a Joaquín, Morientes, Asier del Horno, Tavano y Hugo Viana para vender por 18 a Aimar, Mista y Corradi. En la 07/08, el club compra por 70 millones de euros a Arizmendi, Zigic, Fernandes, Maduro, Banega y Alexis y vende por 5 millones a Tavano. Se cierra el ciclo Juan Soler. Durante su mandato el club ha comprado por valor de 177 millones con unas ventas de 34 millones.

La tendencia era inversa, un club con una deuda de 125 millones al que Juan Soler le ha acumulado 143 millones de euros de pérdidas como déficit de explotación en transferencias de jugadores. La gestión no termina en este punto. Llega el turno de las renovaciones al alza y los contratos semivitalicios. Ningún análisis técnico ni fundamental, jugadores firmando los mejores contratos de su vida cuando su trayectoria ya apuntaba indicios de decadencia.

El gasto en salarios supera con creces el 60% de los ingresos. Los números son sencillos, el Valencia ingresa 97 millones y tiene presupuestado sólo en salarios 60 millones. Son cifras de la temporada 06/07, elegidas por significativas de algo que se repite año tras año. Imposible aguantar esas cifras, el drama llega cuando se ingresan 90 y los salarios se disparan a 75 millones por una gestión que busca lo mediático y carga el déficit al ejercicio siguiente y a la futura venta de Mestalla.

A esto hay que sumar los despidos improcedentes, los finiquitos serán recordados como el principio del fin. Desde un entrenador como Koeman al que se le blinda el contrato al mes de llegar y termina cobrando más de 5 millones como cifra final de finiquito sumando a todo su cuerpo técnico a un Ranieri que se lleva otros 6 millones como premio fin de carrera millonario. A Quique Sánchez Flores, el antecesor de Koeman, sólo le queda esa temporada y sale por 1’5 millones de euros. El cuerpo técnico de la primera plantilla se lleva en despidos 13’5 millones. La dirección deportiva también bate récords, así como la dirección general y los directores de comunicación. Subirats, Miguel Ángel Ruiz, Wollstein, Llorente, Galiano más unos cuantos dircom hacen que los dueños del Valencia hayan gastado más de 45 millones de euros en indemnizaciones y despidos.”

El máximo responsable económico de la anterior etapa, Manuel Llorente, acaba saliendo del club en 2006 por diferencias irreconciliables (fácilmente entendibles viendo las cifras) con Soler. La situación es insostenible… a no ser que alguien cargue con el muerto. En este caso, como en tantos otros, el Ayuntamiento correspondiente acude raudo al rescate de uno de los principales símbolos de la ciudad. Tras varios acercamientos, en febrero de 2007 se aprueba la recalificación de los terrenos de Mestalla y la construcción de un nuevo estadio en suelo público, de la que se encargaría el club valencianista. Los números parecían cuadrar: otorgando una edificabilidad casi abusiva a los terrenos del viejo estadio (el PSOE valenciano lo llevó a los tribunales y recientemente el Tribunal Superior de Justicia ha aplazado la sentencia en espera de un posible acuerdo entre las partes), el Valencia obtendría los fondos necesarios para liquidar su deuda y afrontar con garantías la construcción del Nuevo Mestalla, llamado a ser un estadio de referencia a nivel mundial. Pero a la hora de la verdad nadie se interesa por el suelo del actual Mestalla. El precio de salida para las 4 parcelas en las que se dividió el viejo estadio es considerado fuera de mercado por unas inmobiliarias que ya le veían las orejas al lobo, y en septiembre de 2007 el propio Juan Soler se ve obligado a cumplir su promesa de adquirir él mismo la primera parcela si no hay otro comprador. Para el Valencia puede parecer el primer paso para salir de su peliaguda situación. Para Soler, la compra de esa parcela será el principio del fin.

Soler, propietario también de varias empresas inmobiliarias, paga 13’5 millones de euros al Valencia y se compromete a desembolsar otros 26 millones en sucesivos plazos, muy lejos de los 90 que el club solicitaba por esa parcela y que nadie quiso pagar. Mientras tanto, el coste del Nuevo Mestalla se va disparando. Para cuando Soler adquiere la dichosa parcela, de los 180 millones presupuestados en un principio se ha pasado a más de 300, todo ello a sumar a la deuda de explotación ya comentada. Comienzan los apuros. No pasa nada, siempre hay un político amigo cuando se le necesita. El siguiente “pelotazo” que se plantea es el de la Ciudad Deportiva. Se compran unos terrenos rústicos en Porxinos por 22 millones, y se produce una oportuna recalificación que permitirá construir en ellos, además de los nuevos campos de entrenamiento, una importante cantidad de viviendas. La operación se redondearía con la venta de la actual Ciudad Deportiva de Paterna una vez concretado el traslado. Todo va sobre ruedas… hasta que se tuerce. Un informe geológico indica que en los terrenos de Porxinos no hay agua suficiente para abastecer a la urbanización planeada, y luego Nozar, la empresa encargada de la gestión de dichos terrenos, quiebra. Al menos, aquí el Valencia llegó a recuperar la inversión antes de que Nozar echara el cierre.

Desesperado, Juan Soler comienza a moverse para buscar dinero de donde sea, tanto para el club como para sus depauperadas cuentas personales. Y como suele ocurrir en estos casos, no faltan personajes dispuestos a aprovecharse. El primero de ellos, Vicente Saéz-Merino, dueño de una nueva empresa nacida expresamente con el objetivo de gestionar la publicidad y los locales comerciales del nuevo estadio. Valencia Experience, que así se llama el chiringuito, se compromete a abonar 6 millones de euros anuales al club por figurar en la camiseta ché. Es el doble de lo que pagaba Toyota, patrocinador hasta esa temporada, y Soler firma gustoso. Llegado el momento de la verdad, el comienzo de la temporada 2008/2009, el logo luce en el pecho de los jugadores pero no hay ni rastro del dinero prometido. Aunque eso ya no será problema de Soler.

El año 2008 es un año negro para el valencianismo que, curiosamente, se salda con la consecución de su último título hasta el momento, la Copa del Rey. Es, junto con la eclosión de Mata, el único punto positivo que se recordará de la estancia de Ronald Koeman en Mestalla. Albelda, Cañizares y Angulo son apartados del equipo, llegando a denunciar al club ante los tribunales. El equipo pulula por la zona media-baja de la tabla, salvándose matemáticamente del descenso muy al final. Institucionalmente, la cosa no va mucho mejor. Juan Bautista Soler, el que prometió colocar al Valencia al nivel de Madrid y Barça, es señalado por la afición como el culpable de todo. Vicente Soriano, segundo máximo accionista y antiguo vicepresidente con el propio Juan Soler, encabeza ahora una oposición que aboga por la venta de las acciones que posee la familia Soler. Las negociaciones, por llamarlas de alguna manera, están plagadas de vaivenes, y Bautista Soler padre llega a insultar públicamente a Soriano tras uno de sus encuentros, acusándole de mentir acerca de sus intenciones reales. De cara al exterior se suceden los desaires y nadie apostaría por la reconciliación de estos enemigos íntimos, pero la necesidad económica de Soler hace que, lejos de los focos, las reuniones vayan fructificando. Entre tanto, en el escenario de vodevil en el que se han convertido las oficinas de Mestalla hace su aparición un nuevo personaje. Inicialmente presentado por Soriano como el inversor que estaría dispuesto a comprar las acciones de los Soler, Juan Villalonga, ex-presidente de Telefónica, da otra vuelta de tuerca a la situación.

Lo que ocurrió en los siguientes meses, entre febrero y julio de 2008, tiene un punto tragicómico, casi esperpéntico. Como si de una comedia clásica se tratase, la situación se va enredando y acaba con una escena apoteósica e inesperada. Pero todo a su tiempo. En marzo, Soler dimite como presidente y como miembro del Consejo de Administración alegando motivos personales y de salud, y deja el mando a un hombre de su confianza, Agustín Morera. A finales de junio, las conversaciones entre Soler y Villalonga parecen llegar a buen puerto, y el 8 de julio se anuncia la entrada de este último en el club, aunque no lo hará como accionista sino como Gestor (lo que deja en una incómoda posición al presidente Morera, con cargo pero sin atribuciones reales). Villalonga contará con el respaldo accionarial de Soler para que sus decisiones sean aprobadas por el Consejo, y se proclama que la alianza será a largo plazo. Pero algo no debió de quedar suficientemente claro en las negociaciones (o simplemente Villalonga se olvidó rápidamente del acuerdo), porque nada más tomar posesión comenzó el espectáculo. El anterior equipo directivo acababa de contratar a un nuevo staff técnico, con Juan Sánchez como Secretario Técnico y Unai Emery como entrenador. Sin embargo, la primera medida de Villalonga es contratar a Xabier Azkargorta como asesor deportivo, duplicando las funciones que le correspondían a Juan Sánchez. Luego, durante varios días, Villalonga se dedica a airear un supuesto interés en el fichaje de Luis Aragonés, reciente campeón de la Eurocopa y que acababa de firmar por el Fenerbahce turco, amén de prometer varios fichajes tan deslumbrantes como imposibles. El lío fue monumental, pero nada comparado a lo que estaba por llegar. Porque en cuanto Villalonga tocó la parte económica se armó la marimorena.

Reconozco que pagaría por saber todo lo que ocurrió en los despachos durante esas dos breves pero intensas semanas. Como la realidad sólo la sabrán sus protagonistas, de momento aquí va mi teoría. Villalonga llega al Valencia (sólo él sabe con qué interés final) tras varios meses de negociaciones en los que usa sus conocidas dotes de persuasión para conseguir el poder ejecutivo sin más contraprestación aparente que una vaga promesa de comprar el paquete accionarial de Soler o encontrar a alguien que lo compre. Juan Soler accede, necesitado como está de liquidez y encantado de poder apartarse del punto de mira del aficionado, confiando en la experiencia como gestor del ex de Telefónica y en lo que puede aportar al club en cuanto a imagen corporativa y acceso a fuentes de financiación. Es decir, que Villalonga consigue casi plenos poderes sin arriesgar nada más que su imagen personal, que tampoco es que fuera excesivamente buena tras las sombras en forma de stock options que rodearon su gestión en Telefónica. Una vez dentro, ve que la situación económica es más peliaguda de lo que él creía (o tal vez es la que esperaba, no lo sé), y propone una ambiciosa ampliación de capital como solución, algo que supongo ya traía pensado de antes, pues la operación le facilitaría hacerse definitivamente con el control del club sin tener que pasar por la caja de Soler.

Breve apunte empresarial para entender el siguiente giro de los acontecimientos: en una ampliación de capital, una Sociedad Anónima recibe liquidez a cambio de emitir nuevas acciones, es decir, nuevos títulos de propiedad. Esto en principio perjudica a los que ya son socios, puesto que su porcentaje de acciones respecto del nuevo total disminuye, reduciéndose por tanto su cuota de poder dentro de la empresa (que se rige por la norma “1 acción, 1 voto”). Para evitar este perjuicio, generalmente las empresas ofrecen a sus “viejos” socios un derecho preferente para que puedan adquirir las nuevas acciones antes que nadie y/o lo hagan a un precio inferior al que pagarán los nuevos socios (hay más opciones, pero no vienen a cuento). En todo caso, la ampliación permite a nuevos inversores entrar a formar parte de la propiedad de la empresa comprando las acciones directamente al club (a un precio proporcional con respecto al capital total) y no a un socio ya existente, que para ceder parte de su poder obviamente pedirá más dinero de lo que sus acciones valen nominalmente.

De producirse una ampliación de capital en el Valencia, Soler perdería el control del club, ya que tras comprar la parcela del viejo Mestalla y con sus empresas en situación delicada no dispone de liquidez suficiente como para suscribir las nuevas acciones necesarias para mantener su cuota de poder. Y al máximo accionista se le llevan los demonios, claro, porque de prosperar el plan de Villalonga se quedaría sin el dinero que pensaba obtener por sus acciones, con unas participaciones inservibles para dirigir el club (y por tanto más baratas) y con una parcela imposible de colocar en medio de la crisis. Y eso sí que no puede consentirlo. Así que, sintiéndose engañado y utilizado por el nuevo gestor, llama rápidamente a su aparentemente archienemigo Soriano y resuelven en unos días una venta que no habían sido capaces de cerrar en varios meses. Esta vez nada de promesas vacías y castillos en el aire como los acordados con Villalonga. Vicente Soriano se convertirá en el nuevo presidente tras firmar un compromiso expreso de compra del paquete accionarial de Juan Soler. Ya sin margen de maniobra para desarrollar su proyecto, fuera cual fuese, Villalonga se guarda un último as en la manga para, al menos, no quedar como el malo de la película. Sabiendo ya del acuerdo entre Soler y Soriano, y conociendo también su destitución como gestor, la tarde del 24 de julio convoca una rueda de prensa en la que pone sobre la mesa la cruda realidad a la que se enfrenta el Valencia. Con un estudiado discurso, pensado para impactar con facilidad en el aficionado, afirma que la deuda del club asciende a casi 450 millones de euros, sin contar los 350 del coste del Nuevo Mestalla. Frente a esas escalofriantes cifras, Villalonga dice que ha negociado con Soler una opción de compra de su paquete accionarial por 76 millones (5 más de lo que luego sabremos que firmó Soriano), que tiene detrás a un importante inversor extranjero dispuesto a hacerse cargo de la deuda y a llenar la plantilla ché de primeras figuras, pero que Soler no quiere aceptar la que parece ser la solución definitiva para la crisis del Valencia. “El enfermo puede morir, pero Soler y yo no nos hemos puesto de acuerdo con la medicación”, dice, confiriéndose el papel de médico salvador al que un superior obtuso no le permite probar su eficaz tratamiento.

Con esas palabras, Villalonga deja a Soler al pie de los caballos ante la opinión pública. Si el Valencia sigue en la UCI es por culpa de Soler. Y Soler no tarda ni media hora en aparecer en la misma sala de prensa, de la mano de Soriano y visiblemente enfadado. Por turnos, se dedican a explicar su acuerdo y a desautorizar al ya despedido gestor. La deuda no es ni mucho menos la que dice Villalonga, afirman, y le acusan de mentiroso, demagogo e irresponsable. Soriano, notablemente contento, comunica que se convierte en Presidente a cambio de un compromiso de compra de las acciones de Soler por 71 millones, y a continuación un alterado Soler niega haber alcanzado ningún acuerdo similar con Villalonga y desvela que, durante las largas negociaciones de los meses anteriores, el ex-gestor jamás estuvo dispuesto a poner un duro de su bolsillo pese a las muchas facilidades que se le ofrecieron. Los dos valencianos siguen cargando contra él, acusándole de querer vender el club a inversores extranjeros, y se proclaman poco menos que salvadores del orgullo patrio valenciano. Porque aunque accionarialmente el Valencia es suyo, en realidad pertenece a todos los valencianos. No les falta razón: es evidente que el Valencia es una institución estratégica para las autoridades valencianas, y la supervivencia del club en los últimos años hay que agradecérsela, más que a sus administradores, a las recalificaciones a medida y a los continuos favores prestados al club por Bancaja (que ha actuado más como fiador que como financiador) y Canal Nou (antiguo propietario de los derechos televisivos, por los que pagaba 30 millones anuales), eso por no hablar de la publicidad institucional de Terra Mítica o de la propia Generalitat que el Valencia ha lucido durante muchos años. Al final, Villalonga se va amenazando con regresar en diez días con el dinero prometido, pero la realidad es que no volvió y que el único dinero que se movió en esas fechas fue el jugoso finiquito de casi 10 millones de euros que se llevó por poco más de 15 días de trabajo.

Tras el sainete Villalonga las aguas no se calman. Si había dudas sobre las verdaderas intenciones del “amiguísimo” de Aznar, nadie sabe todavía a ciencia cierta qué pretendía hacer Vicente Soriano con el club, aparte de conseguir notoriedad gracias a él. Su primera decisión es finiquitar a Xabier Azkargorta y nombrar al mito valencianista Fernando Gómez Colomer como vicepresidente y nuevo Director Deportivo, dejando otra vez en el alambre a Juan Sánchez, que termina saliendo del Valencia en agosto sin saber muy bien para qué le ficharon en junio. El nuevo presidente no tarda en afirmar que “gracias” a la labor de Soler en la caja del club apenas hay 11.000 euros, y lanza alguna insinuación maliciosa sobre la posible implicación del anterior equipo directivo en el caso de Valencia Experience. Como comentamos, la publicidad ya está impresa pero no hay ningún cobro a la vista, y los costes económicos y de tiempo que se derivarían de un cambio en el diseño de las nuevas camisetas (con otro patrocinador o dejándolas en blanco) se consideran inasumibles. El asunto queda en manos de los tribunales, sin que estos hayan dictado todavía sentencia. Al final, en diciembre de 2008 la casa de apuestas Unibet ofreció 1’5 millones por lo que restaba de campaña y alrededor de 5 más al año por las 2 siguientes temporadas. Pero es sólo un parche. A principios de temporada, los jugadores y empleados del club comienzan a tener serios problemas para cobrar sus nóminas. Los fichajes se reducen en cantidad y calidad (Renan, César, Tiago Carleto), y la temporada transcurre sin pena ni gloria. Las obras del Nuevo Mestalla acumulan retrasos constantes derivados también de la falta de pago a los contratistas y ya es imposible acabarlas en la fecha inicialmente prevista (primavera de 2009); de hecho, se empieza a dudar de que el estadio pueda ser inaugurado antes del verano de 2010. Casi cada mes, Soriano declara estar cerca de alcanzar un acuerdo con un inversor desconocido que comprará las acciones de Soler y los terrenos del viejo estadio, pero la operación nunca llega a concretarse y nadie es capaz de descubrir la identidad del supuesto comprador. En marzo de 2009 la construcción del nuevo estadio queda definitivamente paralizada por los impagos. La deuda con Bancaja alcanza niveles desproporcionados (240 millones de euros) y la entidad financiera decide intervenir, ejerciendo su poder como principal acreedor del club y de su máximo accionista Soler para “sugerirles” el ascenso a Consejero Delegado de Javier Gómez (hasta entonces Director General y anteriormente Director Financiero), y limitando así la capacidad de decisión de Soriano.

Tras su enésima declaración en la que afirma tener avanzadas las conversaciones para resolver los problemas económicos del Valencia, Vicente Soriano se ve forzado a dimitir al término de la campaña 2008/2009. Javier Gómez es nombrado Presidente en funciones y afirma que la deuda asciende a 547 millones de euros, lo que según algunas fuentes supone más del 17% de la deuda total acumulada por todos los equipos de la LFP. Con mucha mala leche, en el mundillo del fútbol se comenta que el club deberá vender hasta el murciélago del escudo para salir adelante. En la Junta Extraordinaria convocada para resolver la deriva institucional se representa definitivamente el cambio en la gestión del club: con el visto bueno de Bancaja se nombra a Manuel Llorente, la persona que estaba detrás del “éxito” económico de la primera mitad de la década y por entonces presidente del Pamesa Valencia, como nuevo Presidente del Valencia C.F. En la siguiente reunión, el Consejo de Administración aprueba un aumento de capital de 92 millones que otorgará al nuevo mandatario un balón de oxígeno a la hora de negociar la aparentemente imprescindible venta de las estrellas deportivas. Curiosamente, o tal vez no tanto, al día siguiente Vicente Soriano aparece por fin con el supuesto inversor que iba a comprar las acciones de Soler (que con la ampliación dejarán de tener valor estratégico). Soriano afirma que el acuerdo estaba cerrado y que habría que paralizar la ampliación, algo ya imposible, para no tirar por tierra la salvación del Valencia. El revuelo es mayúsculo, sobre todo a medida que se van conociendo más detalles sobre el hipotético comprador. Inversiones Dalport es una sociedad registrada en Uruguay sin actividad conocida en España. Su web está en construcción, su logotipo está sacado de un libro de dibujos para niños, y principalmente nadie cree ya en la palabra de Soriano. Quien más quien menos, todos intuyen que se trata o de un nuevo timo o de un último intento de la pareja Soler-Soriano para lavar su desprestigiada imagen e impedir que sus acciones dejen de ser vitales para escribir el futuro del Valencia.

Con el respaldo de la ampliación prevista, a Llorente, el hombre que había impedido en su día la marcha de Ayala y Mendieta al Madrid, no le tiembla el pulso para rechazar las ofertas que el club recibe por Villa y Silva, lo que devuelve la confianza a la afición. Sin embargo, la respuesta a la ampliación de capital, aunque importante, es claramente insuficiente, y Bancaja tiene que acudir de nuevo al rescate, otorgando un crédito de 74 millones (avalado por la mismísima Generalitat) a la Fundación del club para que esta adquiera, con la idea de revenderlas posteriormente a los seguidores valencianistas (algo que todavía no ha hecho), las muchas acciones que los aficionados no compraron en primera instancia. Como muchos se esperaban, Inversiones Dalport ni compra las acciones de Soler ni se presenta a la ampliación, y los paquetes accionariales de Soler y Soriano se diluyen entre las nuevas participaciones de la sociedad, alejándoles del poder. El Valencia queda entonces en manos de un pequeño grupo de pequeños accionistas y de su propia Fundación, que mantiene el 72% de las acciones y lógicamente es fiel a una Junta Directiva cuyas actuaciones están supeditadas a devolver la deuda con Bancaja, por lo que es la entidad financiera quien controla de facto el club. Nadie habla ya de equipararse a Barça y Madrid, sino de sobrevivir. La temporada 2009/2010 arranca con Raúl Albiol (15 millones) como única venta reseñable. La mayoría de fichajes llegan libres (Bruno, Mathieu, Dealbert o Chori Domínguez) y sólo se pagan 5 millones por el meta Moyá. Pese a las dificultades, el equipo acaba clasificándose para la Champions League, una nueva tabla de salvación a la que agarrarse.

Pero el temporal sigue siendo de órdago. Los planes de viabilidad no prevén una salida a la crisis hasta al menos el año 2014, y eso contando con que se obtengan los ingresos previstos por el cambio de estadio, algo que hoy parece harto improbable. El club intenta por todos los medios vender los terrenos del viejo Mestalla y en diciembre de 2009 alcanza un acuerdo con Juan Soler (cuyas empresas están en proceso de disolución, financieramente ahogadas) para recomprarle aquella primera parcela por el mismo importe que desembolsó el máximo accionista, 13’5 millones. La idea es que será más fácil colocar el pack completo, pero lo cierto es que a día de hoy las parcelas siguen en poder del Valencia.

Al final se hace imposible retener más tiempo a las figuras. Villa es vendido al Barça nada más acabar la temporada, sin esperar a una hipotética revalorización post-Mundial en aras de poder imputar el ingreso de 42 millones al ejercicio que finaliza el 30 de junio. Luego Silva sale rumbo al Manchester City por otros 33 millones, y con las incorporaciones de Soldado, Aduriz, Ricardo Costa, Topal y Tino Costa y las ventas de Zigic, Alexis y Marchena el saldo del mercado de fichajes es positivo para el Valencia, que obtiene más de 60 millones netos. Llorente acaba de presentar hace unos días las cuentas de su primer ejercicio como Presidente, en el que se ha obtenido un beneficio antes de impuestos de 18 millones de euros (gracias en buena medida a la tempranera venta de David Villa). A modo de comparación, las pérdidas acumuladas durante los cuatro años anteriores ascendían a 213 millones de euros, así que el inicio parece prometedor.

Pero la deuda sigue siendo un pozo sin fondo. Aunque Llorente afirma haberla reducido en más de 100 millones (falta por conocer las cuentas detalladas para saber si la rebaja es real o sólo un mero artificio contable), ésta todavía supera los 400. El presupuesto para la 2010/2011 se ajusta a la baja, dejándolo en 120 millones de euros y unas previsiones de beneficio nulo salvo éxito mayúsculo en la Champions. Se ha reducido la carga salarial del club (actualmente el coste total de la primera plantilla se lleva el 77% de los ingresos del Valencia), lo que justifica las salidas de Baraja y Marchena y la rebaja de sueldos a muchos empleados y directivos, así como el despido de Fernando (que también ha sido sonado, aunque no excesivamente caro). El vigente contrato de televisión firmado con Mediapro en 2009 supone unos ingresos de 48 millones anuales (tras un burdo intento por parte de Soriano de incrementar la cantidad anunciando una supuesta contraoferta de Telecinco por 60 millones), pero 15 de ellos deben destinarse exclusivamente al pago de intereses por las deudas contraídas con Bancaja. El comportamiento futuro de la entidad financiera valenciana con respecto al club es una incógnita tras su fusión con Caja Madrid, pero seguramente no esté dispuesta a consentir más desmanes. El nuevo estadio sigue parado, y la UTE encargada de las obras sólo verá parte del dinero que se le adeuda si el club accede a la siguiente ronda de la Champions. Y el futuro trae más nubarrones. La UEFA amenaza con ponerse seria con aquellos clubes cuya deuda esté disparada, y la nueva Ley del Deporte (si es que se aprueba algún día) parece que también contemplará fuertes sanciones a quienes se pasen financieramente de la raya. De la plantilla actual, sólo Mata y, en menor medida, Banega y Pablo Hernández, parecen estar en condiciones de ser traspasados por una cantidad importante en un mercado claramente en retroceso. Por tanto, lo complicado para Llorente empieza ahora. El Valencia deberá seguir jugando igual de bien en el césped y en los despachos para poder regatear a la quiebra.

Para conocer más aspectos sobre la actualidad económica del Valencia C.F. recomiendo los artículos del “Broker Enmascarado” en el diario digital Valencia Plaza

http://www.valenciaplaza.com/ver/4120

32 pensamientos en “FÚTBOL Y NEGOCIO (II): EL VALENCIA JUEGA EN EL ALAMBRE por snedecor

  1. Gracias Alltone por tu comentario. No me había parado a pensar la situación desde el punto de vista que planteas (y eso que lo he tenido delante todo el tiempo, desde el primer párrafo), aunque me parece tremendamente interesante. Ciertamente Bancaja obtiene unos intereses suculentos, pero si han llegado al punto de tener que vigilar de cerca la gestión es porque han visto que el riesgo adquirido era ya demasiado grande, y más con la situación financiera actual. Y supongo que ahí entra el asunto de no dejar que el club entre en concursal, pues las prioridades para ir rebajando la deuda cambiarían. Bancaja intentará reconducir la situación hasta un “óptimo” en el que la rentabilidad de su inversión no implique un riesgo excesivo, y eso lo puede hacer más fácilmente si dirige el club (aunque sea en la sombra) que si deja que sea el gestor designado por el juzgado quien lo haga.

    Desconocía lo de las dimisiones en la Fundación, no así las producidas en el Consejo, aunque no me parecieron relevantes y las entendí como parte del movimiento de poder en el que, como dices, no profundicé. Dame pistas. Ten en cuenta que ni soy periodista ni vivo en Valencia (ni cerca), por lo que desconozco todos los tejemanejes e implicaciones personales que existen en la ciudad, y que al final el artículo surgió a partir de una conversación en un post anterior en el que explicaba el sistema vigente en la MLS estadounidense, por lo que sólo trataba de poner un ejemplo de lo que yo entiendo como mala gestión en un club deportivo (y que además me pareció curiosa por el sainete Llorente-Villalonga). Pero está claro que, como apuntas con todas esas preguntas, cuando se hablan de estas cantidades la realidad es muchísimo más compleja.

    Erkil, lo del Villarreal a mí personalmente me empieza a generar dudas. No he mirado pero me da la impresión de que las cuentas ya no salen tan bien como antes.

  2. Vale, no me des pistas, acabo de actualizar mis conocimientos sobre el VCF con los últimos artículos del Broker Enmascarado. Aparte de enterarme de quiénes son los miembros del Consejo y por qué están ahí, me ha llamado la atención otro aspecto que pasé por alto: que el préstamo de Bancaja para la ampliación de capital lo debe pagar la Fundación, no el club. ¿De dónde sacará el dinero?

  3. Muy interesante el artículo, snedecor. Es vergonzoso lo que se ha hecho en los despachos de Mestalla desde la llegada de Soler, y bochornoso lo de Villalonga y después lo de Dalport. Como valencianista espero que esto se solucione, pero lo veo crudo.

    Un abrazo, crack.

  4. Respecto a lo de la Fundación, ahora ha puesto en venta las acciones de nuevo. No me hagas mucho caso pero creo que el valor del paquete accionarial que ha puesto a la venta es de 27 millones de euros. No recuerdo las cifras exactamente.

  5. Muchas gracias crack. Estoy leyendo cosas sobre esta mini-venta de acciones: sólo es el 2’4% de las acciones que tiene la Fundación (al parecer porque es la única manera de poder venderlas sin tener que pasar por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que exigiría unos requisitos de información económica que podrían comprometer bastante el futuro del club y de la fundación, o al menos el de sus dirigentes). El problema es que este tipo de venta en pequeñas fases no se puede repetir porque entonces la CNMV se “olería” que se está haciendo para no cumplir con esos requisitos necesarios en toda venta de acciones y podría paralizarlas. El precio de venta es de unos 8 euros más que el pagado por la Fundación en la ampliación de 2009, y se esperan obtener unos 2’5 millones de euros que servirán para pagar parte de los intereses del crédito de Bancaja, pero no es dinero suficiente para afrontar todos los intereses que se generan en un año. Da la sensación de que no saben muy bien como arreglar el problema que se han creado

  6. Tranquilo, estamos acostumbrados a que se den digan cosas sobre lo que pasa o deja de pasar en el Valencia tergiversando cosas o directamente inventándoselas. Es muy curioso ver la imagen que se tiene fuera del club basado en incorrecciones o directamente en bulos. No culpo con esto ni a ti ni a la gente de la calle, es normal que recibiendo información errónea se hagan juicios erróneos, lo digo por los medios de comunicación.

    – Buscar en Paco Roig el origen de todo es una equivocación. El VCF desciende en 1986 a segunda ahogado por las deudas, sin poder pagar siquiera los hotles de concentración (se iban sin pagar) hasta los jugadores tenían que ir en sus coches a los desplazamientos más cercanos.

    – Con la ley de saneamiento y la conversión el SAD el club se queda sin deuda. Llega Paco Roig. La deuda que deja es de la remodelación de Mestalla, la normativa de acabar con las gradas sin asientos reducía el aforo del estado de casi 60 mil espectadores a menos de 30 mil, dejando a mucha gente en la calle y al club perdiendo dinero en abonos y entradas. Esa remodelación se hace porque el Ayto se niega a recalificar para hacer un campo nuevo (dicho hoy en día hace gracia que Rita se niegue a una recalificación) Además compra varios inmuebles como una torre de oficinas (donde está la actual sede del club) y varios bajos comerciales que hoy en día son tiendas oficiales (alguno se vendió hace años) Los fichajes, aunque pueda parecer mentira, vendió y compró mucho, pero el balance es muy positivo no solo por la herencia de calidad (Los mendieta, gerard, piojo, cañizares, carboni…etc) sino por la relación coste/retorno, no se creó ningún agujero por fichajes, eso llegaría ya sin el en el club.

    – Paco Roig se va en Noviembre de 1997, y en toda esta historia nos olvidamos de un personaje, Manolo Llorente, director general con Roig y consejero delegado tras la salida de este. El tipo que ha gobernado el club desde 1993.

    – El periodo 98-2004 la deuda se multiplica por culpa de Pedro Cortés y Manolo Llorente. Tras la salida de Roig se crea esta bicefalia, Llorente es consejero delegado , pero hay que tener dos firmas para cerrar acuerdos, la de este y la de cortés. Empieza la guerra. Cortés empieza a fichar rumanos de la mano de Becalli (Popescu por 6 mlls, Ilie por 4 mil kilos de pessetas, Serban, el hermano de Ilie…etc) a renovar a canteranos sin futuro como Parri o Jonhatan con sueldos de 1 millón netos de euros. Luego llega el conchaveo con Jaume Molina y los amigos de Paco Casal y Mascardi (Fagiani, Diego Alonso…etc) todos petardos sin fundamento futbolistico alguno pero de mucho coste tanto en traspasos como en fichas.

    – En tres años el VCF elude dos causas de disolución una se soluciona vendiendo una esquina de Mestalla sobre una futura recalificación a Murcia Puchades (2002) la otra con la operación porxinos (2005). Dicho esto en tres años (2002-04) el club no ficha a nadie porque no tiene liquidez, no puede ni fichar a Jorge , el lateral de las palmas luego del celta, por 2 millones de euros.

    – En Junio de 2004 el club está en causa de disolución, y antes de diciembre de ese año necesita 40 millones para evitar la liquidación. Ese verano llega Soler al Valencia, llamado por el consejo regente (Llorente de mandamás, tras liquidarse a Cortes años atrás en una historia de guerras palaciegas muy farragosa de contar) para evitar la desaparición con la formula del ladrillo y el pelotazo. Entre medias el poder político se deshace de Roig consiguiendo que le venda a este las acciones tras perder las elecciones para evitar que en el trato con las administraciones con tanta recalificación, haya guerra institucional.

    – Aunque el tema del estadio nuevo nace en 2003 y se firma un protocolo de intenciones fruto de negociaciones previas desde 2002, Soler solo es la consecuencia de la ruina. Llega entre aplausos y boatos para poner fin a una angustia financiera y complicadisima.

    – Luego pasa todo lo demás, el tipo es un lerdo directamente. Hace lo de porxinos para evitar la disolución, deja la deuda a 0 y con el club con liquidez con la que acometer fichajes y capacidad de endeudamiento. Se firma en 2006 el crédito con Bancaja de 220 mlls (el resto hasta 240 son polizas de credito con Banco Valencia, filial de Bancaja, heredadas del anterior consejo), que negocia y rubrica Manolo Llorente, director general con Soler hasta el 30 de Junio de ese año. Que a pesar de dimitir seguiría siendo miembro del consejo de administración hasta noviembre, en Marzo de 2007 lo llamaría Juan Roig para ser presidente de Pamesa hasta 2009, que volvería al VCF llamado por las instituciones políticas.

    – En 2007 empiezan las obras del nuevo estadio, pero empiezan sin financiación cerrada, es decir, el VCF aportaría 100 millones con fondos propios en forma de deuda que liquidaría con la venta de las parcelas de Mestalla, unica fuente de financiación para acabar el estadio. Todo se retrasa dos años porque hay grupos de vecinos y organizaciones civiles que llevan a los tribunales el asunto (donde los juezes no ven ninguna irregularidad) ese retraso hace que nos pille la burbuja, no se pueda vender las parcelas, el club se van con 110 millones de gasto en cemento….etc.

    – A todo eso añádele una gestión kafkiana de la sociedad, con fichajes estramboticos, gasto en jugadores disparatado (solo en un año 70 mlls) sobresueldos, cosas rarisimas, shows, circos, llegada de directores generales con sueldazos que se iban a los 6 meses cobrando indemnizaciónes astronomicas…etc.

    – Cuando estalla el asunto Soler se va, ese verano llega villalonga, que dura lo que dura. Propone una ampliación de capital de 50 mlls con la que dar entrada a inversores extranjeros. Pero el resto de accionistas de referencia (Soriano y Llorente) se niegan. Empieza el sainete de “para hacer una ampliación no hace falta traer a Villalonga y pagarle ese sueldo”… bueno total que como no hay salvación, sin acciones no hay inversores que quieran meter pasta… Villalonga se va, no sin hantes cobrar su finiquito y hacer un intento d compra de las acciones de soler.

    – Llega soriano, solo en 8 meses de gestión dejó un agujero de 75 millones, que son los culpables, junto al acumulado, de que se tenga que ir a una ampliación de capital para evitar la disolución. En Febrero dimite, pero en Enero (y ya desde Noviembre del año anterior se gesta todo) se trazan las lineas maestras de la misma, en marzo se presenta en sociedad, y en junio se aprueba en junta de accionistas: 92 mlls , donde Javier Gomez, consejero delegado y anteriormente director financiero con Soler y general con Soriano, ya habla de que la ultima ronda será para inversores institucionales (un lapsus lingue que creó mucha controversia en su dia)

    – total, que llega el 5 de Julio, primer día de la ampliación, y aparece Soriano y Soler diciendo que han vendido el club a Dalport SL. Una sociedad off-shore afincada en Uruguay que no les paga las acciones (fecha de pago establecida 31 de Julio) ni hace efectivo su derecho de subscripción preferente antes del 20 de Agosto (40 mlls, cuando decían traer 700 para liquidar la deuda y fichar) Establecida una junta de accionistas en septiembre mucho antes, y para evitar que llegaran a ella siendo los máximos accionistas (los de dalport) se pone fin a la ampliación de forma rápida haciendo un tejemaneje con la fundación, fue una medida de urgencia, en la junta de accionistas Dalport hubiera anulado la ampliación con su mayoría accionarial (ampliación que en principio tenia que durar más de un año, con rondas establecidas..etc)

    – Y en eso, que tras presentar la ampliación en junta en Junio y votarse a faavor, llega llorente de presidente, quedandose Javier Gomez de vice, ambos cobrando 400 mil euros netos por hacer el mismo trabajo (cargos duplicados, Gomez se fue esta temporada cobrando 1,2 mlls de indeminización, contrato que se redactó y firmó él mismo aprovechando la presidencia interina que cogió tras la dimisión de Soriano)

    – La operación de la fundación ciertamente tiene muy mal olor y mala pinta, pero se hizo de urgencia y para evitar que unos forajidos se hicieran con el club, por lo que nadie protesta. Ahora, es un entresijo de difícil situación.

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