LE LLAMABAN TRINIDAD por jorf

Érase una vez un cántabro de Torrelavega nacido en 1976. Óscar Freire Gómez vino a llamarse este chaval enjuto, que aparenta mucho más de lo que realmente es, físicamente y por palmarés.
Chiquitín y delgado para el tipo de sprinter al uso (en tv parece más grande de lo que es), campechano y amable para lo que su palmarés de MITO haría esperar.

Chaval que por suerte o desgracia nació para ser ciclista, y por ello siempre ha destilado esa clase y esa facilidad para hacer sencillo lo imposible. Oscar no se hizo nunca, nunca ha sabido entrenarse hasta la extenuación como única meta en la vida. La vida son más cosas, y sin ellas Freire, estoy seguro, no hubiera sido tan especial. Cuando casi todos precisaban de semanas y semanas de microciclos y mesociclos para coger la forma, Óscar en 20 días de entrenamientos ganaba carreras.
Esa adaptabilidad le viene de niño, cuando un problema óseo de difícil diagnóstico a punto estuvo de costarle una pierna o como poco, cojera de por vida. Un experto de Caracas dio con la causa de su problema, tuberculosis ósea, cuando desde el Hospital Universitario de Santander, desesperados, enviaron su caso por centros de todo el mundo en búsqueda de alguien que diese con el diagnóstico correcto. Su tobillo quedó tocado de por vida, y ha sido la causa última de varios de sus problemas de salud.

De cadete ya ganaba carreras de juveniles (de mucha mayor dureza y kilometraje que las que solía correr en su categoría), y en el memorial Valenciaga (prueba amateur que han ganado entre otros Purito, Gorospe, Unai Osa o Rubiera) de 1997 sedujo a Mínguez con su victoria por delante de gente como Horrillo, Mancebo, Sastre o Astarloa.
Además, adelantando futuros acontecimientos, ese mismo año se coronó subcampeón del mundo sub23 en el mundial de San Sebastián, el mismo que coronó entre los élite a Laurent Brochard.

Pasó a profesionales de su mano en Vitalicio junto con Pedro Horrillo, amigo y compañero inseparable tantos años en el pelotón. No es extraño que dos cabezas tan poco concordantes con el ciclista medio hicieran tan buenas migas.

En su estreno entre la élite en 1998 aparte de varios puestos de honor en muy diversas carreras, logró su primer triunfo en una etapa de la Vuelta a Castilla y León.
A final de año ya fue convocado para el Campeonato del Mundo (mucha gente cree que fué por primera vez en 1999), edición durísima que se disputó en Valkenburg, y donde finalizó en el puesto 17. Baste decir que fue el 2º español (por detrás de Chente García Acosta) y que los primeros fueron: Camenzind, Van Petegem, Bartoli y Amstrong. Y en sub23 ganó un tal Iván Basso.

Freire por aquella época ya tenía la leyenda de despistado que le ha acompañado toda su vida. Además ya mostraba trazas de corredor individualista, y es que según él se hizo así desencantado de ver cómo era el mundillo profesional del ciclismo, donde cada uno miraba por sus intereses y nada más. Puede olvidarse las zapatillas o el pulsímetro, pero nunca olvidará firmar un autógrafo o hacerse una foto con un chaval o un mayor.
De todas maneras, el “despiste” de Óscar lleva a engaño. Es una persona despistada, que no corredor. Puede no enterarse de nada de lo que no le interesa, pero en las carreras que le motivan o le interesan, agudiza sus cinco sentidos, y está al tanto de todo, ya sea consciente o inconscientemente, pues aquí llega la, para mí, capacidad diferencial del cántabro: su instinto.
Instinto para saber quien va mejor, para saber cómo y donde colocarse, para pasar desapercibido gastando la cantidad mínima de energías, para elegir el momento justo, la pedalada correcta. Y ese instinto se convierte en asesino cuando chasquea el látigo de sus piernas, y sabes que va a ganar muchos metros antes de la meta. Estoy seguro que hasta sus rivales, cuando lo ven colocado “a lo Freire”, de repente tras la estela del favorito, saben que va a ganar. Por supuesto, el instinto sin piernas sirve de poco.
Nunca ha tenido un equipo que le hiciese la vida más fácil y trabajara para el, pero al contrario que muchos, yo creo que de haberlo tenido, aunque hubiese ganado más etapas en grandes vueltas, no hubiera logrado todos los grandes trofeos de su palmarés, porque el instinto entrenado en la necesidad ha hecho de Óscar Freire un corredor irrepetible.

Estamos en 1999, año en el que aparecen las dos palabras que le acompañarán toda su vida: arcobaleno y lesión. La primera atañe a su maravilloso noviazgo con el maillot arcoiris de campeón del mundo, a la victoria. La segunda a la interminable lista de lesiones y problemas que han impedido que tenga un palmarés absolutamente monstruoso, la derrota.
Y pocos deportistas han hecho suya de tal manera la mítica frase que adorna la entrada de la pista central de Wimbledon: “If you can meet with Triumph and Disaster and treat those two imposters just the same” (Si te encuentras con la victoria o la derrota, trátalas a ambas como la misma impostora).
Óscar sabe que para ganar hay que perder muchas veces, y tanto una como otra forman parte de la vida, y por ello nunca ha hecho un mundo de las oportunidades perdidas, como tampoco nunca ha sacado pecho de sus victorias (escribiendo esto, recuerdo el pódium de la París Tours esta tarde, con un Freire aburrido de tanta parafernalia, con ganas que acabara el acto, hasta el locutor francés lo ha visto y se lo ha dicho. Y aún enfadado porque sabe que el Mundial del domingo era suyo, puede que nunca le haya visto rumiando tanto una derrota)

Sin apenas competición por las lesiones, sin apenas buenas posiciones, Paco Antequera volvió a llevarlo al mundial. Mucho se ha hablado de la valentía del seleccionador al confiar en el por entonces joven corredor de Vitalicio, si bien lo cierto es que por aquel entonces en España, para pruebas de un día sólo había un erial, que se tornaba en desierto si estas eran poco selectivas. Para muestra, sus compañeros de selección: Santi Blanco, Álvaro G. Galdeano, Chente Acosta, Rubiera, Lobato, Jon Odriozola, Mauri, Laiseka, Triki Beltrán, Perdiguero e Íñigo Chaurreau. Con este panorama, era lógico que fuese el único que podría hacer algo, por mucho que aún fuera un crío y le llovieran las críticas. Pero por algo había hecho 3º en el sprint del grupo principal el año anterior en el mundial, con 22 años y tras 260km.
Sonó la flauta, el instinto de Óscar lo metió en el corte bueno y sorprendió al resto de fugados, gente curtida como Ullrich, Camenzind, Konyshev, Vandenbroucke, Robin o Zberg. Galgos que se confiaron ante el jovencito español que les arrancó a 500m ante el escepticismo e incredulidad de todo el mundo, entre ellos los comentaristas de TVE Pedro González y Perico Delgado.

Llegó el 2000 con cambio de equipo, emigraba a tierras italianas, a curtirse en el Mapei-Quick Step, equipazo en el que Óscar correría por espacio de 3 temporadas. Con corredores como Bettini, Hoste, Bartoli, Noé, Van Heeswijk, Tonkov, Steels, Musseuw o Merxck entre otros, todos estrellas consagradas, llegaba un crío con el arcobaleno y un utilitario, del que sus compañeros, que iban en Ferraris, le bromeaban, “qué hace un tio que gana 100 millones de pesetas al año con un Opel Corsa?” Por supuesto se ganó el cariño de casi todos, y más aún su respeto.
Ese año debutó con 3º puesto en la Classicissima, la Milán-San Remo, primer monumento de la temporada y una de las pruebas que por sí sola valen una carrera ciclista entera. Siguió consiguiendo puestos de honor en grandes clásicas como la Amstel Gold Race, San Sebastián o el extinto GP Zúrich. Se llevó sus dos primeras victorias parciales en una gran vuelta por etapas, la Vuelta a España, amén de etapas en muchas otras carreras.
Plouay (Bretaña, Francia) fue el escenario del mundial ese año, y como no podía ser de otra manera, Freire llegó al sprint final en un grupo de 25 corredores como único español. En un extraño sprint “sólo” acabó bronce, tras el letón Vainsteins y el polaco Spruch, flor de un día este último. Inmediatamente tras Óscar llegó un tal Bartoli, compañero suyo en Mapei.

La cara del español tras cruzar la meta es reveladora, ese mundial era suyo.

2001 fue otro año similar al 99. Apenas corrió hasta media temporada por una lesión de espalda y después otro problema físico, el talón de Aquiles, le hizo volver a parar. Su apoyo en los malos momentos fue un Horrillo al que había pedido como fichaje expreso y que llegó ese invierno para hacerle las cosas más fáciles al cántabro.
Aun así, llegó al mundial de Lisboa y, pese a que los comentaristas españoles casi ni lo ven, desde que faltaban 200m se sabía que iba a ganar. Si un tío de su clase llega al mundial con apenas 25 días de competición, se mete en el corte de los buenos y a falta de 300m está silbando a rueda del máximo favorito (Zabel) en la 5º posición del pelotón, es para ganar. Claro que los alemanes defendieron la teoría de que Zabel arrancó demasiado pronto, al igual que los holandeses con Dekker. Incluso los italianos se quejaron de que Bettini esperó demasiado y no le dio para remontar. El caso es que segundo arcobaleno en una volata magnífica, preciosa.

2002 fue un año de transición en el que a buenos resultados en las grandes clásicas (5º en Milán-San Remo y Amstel Gold Race) añadió “solamente” su primera etapa en el Tour de Francia. En un mundial (Zolder, Bélgica) que le volvía a encajar muy bien, unos radios rotos acabó con sus opciones cuando estaba en el grupo delantero, muy bien situado, a 2km de meta. Cipollini, McEwen y Zabel coparon finalmente el podium. Freire, que nunca habla por hablar declaró que en el sprint era medalla segura.
Este año se produjo a final de temporada la desaparición del Mapei, su equipo y el más poderoso del pelotón, que pasó a llamarse Quick Step mudándose a Bélgica. A Freire se lo llevó el Rabobank con la promesa de (además de un buen contrato) trabajar para él en los sprints, cosa que finalmente el tiempo se encargó de desmentir.

Entró Freire en 2003 en un equipo nuevo, completamente diferente a lo que había vivido toda su vida. Del mediterranismo (palabro inventado) italo-español pasó en cuestión de semanas al cabezacuadradismo (ídem) holandés. Equipo al que no pudo llevarse de primeras a su lugarteniente Horrillo (hasta 2005 no pudo contar con el) y en el que tuvo que pasar una dura adaptación pero que le sirvió para madurar y crecer como ciclista. Igual que cuando Perico Delgado pasó al PDM (fugazmente), Freire abrió el camino a muchos otros compatriotas para ser fichados por equipos del norte de Europa (Gárate, Flecha, Barredo, Moreno, Horrillo, etc) que anteriormente eran muy reticentes a fichar corredores españoles (la crisis de los patrocinios españoles también ayudó lo suyo). Pese a todo, comenzó el año con buenas victorias y puestos de honor en clásicas, cosa que repitió sin suerte en las grandes vueltas.
Llegado el Mundial, no tuvo ocasión de disputarlo pues la carrera le llevó a trabajar de secante en los Km. finales para el que sería ganador, Igor Astarloa. Este año España presentaba uno de sus mejores equipos en mundiales.
Valverde acabó segundo tras un gran ataque en el repecho final (donde contactó con los perseguidores de Astarloa y les superó luego en el sprint), y Freire noveno ganando el sprint del grupo principal. Sin la presencia de estos dos cracks, Astarloa (que por otra parte hizo una portentosa demostración de fuerza) no hubiera podido aguantar 4km con 6 segundos de ventaja sobre los perseguidores y 12 sobre el pelotón.

2004 ha sido el mejor año de Óscar, con un nivel demostrado en primavera y otoño sencillamente apabullante. Se llevó su primera Classicissima por delante de Zabel, O´Grady y Petacchi tras casi 300km de carrera, aprovechándose de un confiado Zabel al que pilló en un renuncio levantando los brazos antes de tiempo, amén de conseguir numerosos triunfos (Tirreno, Vuelta, Mallorca, etc) y grandes puestos (4º Hamburgo, 3º París-Tours, 9º Zúrich).
En unos JJOO a los que acudía con esperanzas de victoria, una caída le privó de poder disputar la medalla.
Acabó 3º en la Copa del mundo de Ciclismo y la Bicicleta de Oro, y ganó el Mendrisio de Oro http://es.wikipedia.org/wiki/Mendrisio_de_Oro al mejor ciclista del año.
Llegó Verona nuevamente como sede del Mundial, y tras una portentosa exhibición (2º año seguido) de la selección española se llevó la victoria con facilidad siendo lanzado por Valverde en un grupo de 25 donde había media selección hispana. Igual que en otras ocasiones, a falta de 1km ya se sabía quién iba a llevarse la gloria. Trinidad de mundiales.

2005 fue el año de su reencuentro con Horrillo en Rabobank, y el inicio de otra de sus trinidades, pues ganó la Flecha Brabançona. Ganaría las siguientes 2 ediciones. Aparte, se llevó la Tirreno adriático (y 3 etapas), algo complicadísimo para un sprinter por la cantidad de media montaña que hay en la carrera italiana. 5º en San Remo y Flecha Valona (su regularidad en puestos de honor es asombrosa), 10º en Amstel, el Mundial de Madrid (demasiado llano quizás pero en el que debería tener grandes oportunidades, que finalmente se escapó a Valverde en medio de una penosa gestión de carrera por parte de España) no contó con su participación por culpa de sus frecuentes problemas físicos.

En 2006 tuvo de nuevo un año majestuoso, con victorias en Flecha Brabançona, Clásica de Hamburgo, 2 victorias en el Tour, amén de otras en Tirreno, Suiza, País Vasco, etc.
Fue 6º en San Remo antes de parar por culpa de una lesión de cara a Flandes y Ardenas.
Se perdió su segundo mundial consecutivo por culpa de otra lesión.

2007 le vio levantar los brazos en el centenario de la Milán San Remo (que no edición nº 100), sus segunda Classicissima (agazapado tras el trenecito Milram y ganando con una bici de ventaja a Bonnen y Davis, varios de sus rivales reconocieron que lo vieron ganador antes de empezar el sprint), al igual que repetía victoria en su 3º Flecha Brabançona consecutiva. Su 3º puesto en la clásica de pavés para sprinters por antonomasia, la Gante-Wevelgem, era premonitorio de su victoria al año siguiente. A sus habituales victorias de etapas en pruebas de 1 semana y puestos de honor en carreras de un día de principios de temporada sumó este año 3 etapas en la Vuelta a España y un 2º puesto en el GP Hamburgo, con lo que llegaba en un momento de forma tremendo para el mundial, que se disputaba en Stuttgar y que tan mal recuerdo tuvo para los españoles. A la polémica con Valverde previa a la salida (por la Operación Puerto) se sumó una nefasta lectura de carrera, tan habitual en la España post 2004. Freire, tras 2 años de obligada ausencia en esta carrera ni tuvo la necesaria suerte de cara ni tampoco la ascendencia suficiente sobre sus compañeros, y Samuel Sánchez actuó en su propio beneficio (algo que se repite demasiado en su carrera) por encima de todo con ningún rédito, pues llevó en volandas a Bettini (que ya de por sí era el más fuerte de la carrera) hacia su victoria, formando una escapada donde entraron 2 holandeses, 2 belgas y 2 italianos entre otros. Óscar se tuvo que conformar con volver a ganar el sprint del grupo, acabando en el puesto 14, curiosamente el mismo dorsal que lucía en carrera.
Tras este revés, a la semana siguiente conquistó el 3º puesto en la París-Tours como fin de temporada.

El año 2008 llegó a un Óscar Freire que comenzó de nuevo exhibiéndose en la Tirreno para completar una excelente primavera con la victoria en la Gante-Wevelgem, amén de un 2º puesto en Flecha Brabançona y 8º en San Remo. En un año donde las lesiones le respetaron mucho, cosa excepcional en su carrera, logró otro (otro más) hito para el ciclismo patrio conquistando el maillot verde de la regularidad del Tour de Francia, amén de una etapa. Una enfermedad le obligó a retirarse de los JJOO de Pekín y más adelante en la Vuelta se llevó otra etapa mientras preparaba un mundial que le iba como anillo al dedo.
Varese destapó todos los problemas entre los capos españoles, problemas que por culpa de los propios ciclistas y de los seleccionadores se habían enquistado, y que lamentablemente este vía crucis tampoco resolvió. Ocurrió lo inevitable, y es que el deficiente control de la carrera ante unos italianos, que de nuevo con Bettini tenían la baza buena, propició que una escapada con todos los segundas espadas azzurros (Ballan, Cunego, Rebellin) amén de 4 belgas y muchos otros grandes corredores se fue desde lejos y el equipo español quedó en pañales: Valverde no había entrado en un corte donde debía estar si o si, y la selección por problemas en los pinganillos no tiró, quedando delante un Samuel de nuevo individualista y Purito, quien fue el único que dio la talla por los españoles. Esperando que Bettini se moviera (piensa el ladrón que todos son de su condición) se les pasó la carrera sin pensar que este podía sacrificar sus opciones por el colectivo.

2009 empezó con 2 costillas rotas para Freire, lo que le hizo perderse toda la primavera, y pasarse a contrapelo todo el año, el peor de su carrera y que a punto estuvo de ser el último, pues amenazó con dejarlo falto de motivación y harto de tanto percance. Un par de etapas en Romandía y puestos de honor en Tour y Vuelta no salvaron una temporada decepcionante para lo que el cántabro nos tenía acostumbrados.
Lo más chocante del año ocurrió en la segunda semana del Tour, cuando a mitad carrera y estando en el pelotón recibió varios perdigonazos disparados por un chalado, que le causaron pequeñas heridas a el y al neocelandés Julian Dean.
En el Mundial de Mendrisio, demasiado duro para sus características, y donde España volvió a hacer un papel aceptable, nunca tuvo opciones reales pese a terminar decimoquinto. Purito, el más fuerte del equipo español de largo ese día, tras estar en todas las escapadas acabó bronce. Samuel y Valverde, pese a ocupar puestos de honor (4º y 9º) no tuvieron la chispa necesaria para optar a nada.

2010 iba a ser la despedida de Óscar Freire, anunciada al 99% el año anterior, pero finalmente se retractó de sus palabras y decidió continuar un año más.
Tras su mal 2009 (por culpa de las lesiones) llegó una primavera 2010 en la que muchos lo daban por acabado, un año para alargar su cuenta corriente y ya está. Poco conocían al cántabro estas voces, pues si seguía era única y exclusivamente porque tenía aún ganas de correr. Y sano y con ganas sigue siendo mortal porque es el más listo del pelotón. Cuando llegó la Classicissima de este año, las opciones (mía incluida) que se le atribuían eran ínfimas, excepto entre 3 o 4 perros viejos del pelotón, que acertaron completamente cuando una bala de cañón destrozó a todos los favoritos en los 150m finales. Como siempre (siento repetirme), cuando salieron a la recta final del Lungomare Italo Calvino los lobos, con Liquigás lanzando a un Benatti que tenía al maillot naranja del Rabobank soldado a su rueda trasera, todos sabíamos que otra Trinidad formaría parte de su historia.
Sacando dos bicis a Bonnen, Petacchi, Mudolo y Benatti, levantó los brazos en cruz, puños cerrados, aulló como el macho alfa que es, espalda plateada del pelotón al que todos todavía respetan y temen. “Come un gatto” que dicen los italianos por su manera de alzar los brazos, como un gato.


Fénix que renace de sus cenizas y sabe cuándo y donde gastar las fuerzas que aún le quedan a sus casi 35 años.
Cuenta la leyenda que su compañero, la joven promesa Sebastian Langeveld tuvo que ir corriendo a por sus zapatillas al hotel, que se las había dejando, poco antes de la salida. Y que el día de antes su hermano le dijo que ganaría con una pata. “Creo que si” respondió Óscar.
Los problemas respiratorios se le agravaron tras el País Vasco (donde consiguió 2 etapas debido a la descalificación de Valverde) y se perdió las Ardenas, donde siempre solía conseguir buenos puestos. En el Tour, con los trenes de Columbia y Garmin no tuvo ya nada que hacer y luego en verano tuvo que operarse definitivamente de sinusitis, con lo que su preparación para el mundial de Melbourne se retrasó e incluso estuvo a punto de no acudir. Finalmente fue y pese a otra carrera desastrosa de España llegó al sprint con todas las opciones, pero sólo pudo terminar sexto, muy lejos de un Hushovd imperial. Quizá cansancio, quizá una semana más de preparación hubiera necesitado. Lo que está claro es que 7 días después y jet lag mediante, el 10 de octubre ganaba por fin la última gran clásica de sprinters que le faltaba, París Tours, en una nueva exhibición de fuerza, tras ser arrinconado y tener que dejar de pedalear a 100m, supo desviarse, volver a arrancar los pedales y adelantar a Furlan y Steengmans, que le flanquearon en el podium.

Tras esta carrera, Óscar declaró que hay un 90% de probabilidades de que 2011 sea su último año, pero y si gana en Copenhague?? Tendría que pasear su arcobaleno otro año más. Así que aún no descarta nada. También afirmó que, respecto a las últimas noticias de dopaje, el ciclismo tiene ni más ni menos que lo que se merece, y que en Melbourne el que falló fue el. Clarito, como Óscar ha sido siempre. Y como será.

Óscar, ese tío callado que sólo llama la atención por su sonrisa de pillo, cuando sonríe, que entrena por sensaciones, haciendo menos caso de lo que quizá debería al pulsómetro y a los vatios. El que sólo con una vuelta a sus circuitos de Torrelavega sabe cuánto le queda para poder ganar un Mundial, una etapa de Tour o una Classicissima. El que no recuerda ni cuántas victorias tiene. El que cuando habla y dice que sabía que iba a ganar parece un soberbio, pero apenas dice lo que piensa, con mucha humildad, siempre. El que cuando se cae se acuerda de los que se han caído antes que el. El que cuando no gana se encoge de hombros, sonríe y dice “estaba para ganar, pero ellos han sido mejores que yo, otra vez será”. El que se ha quejado de que su Rabobank no trabajaba lo suficiente para él en los sprints de las vueltas, o de que España no corría como un equipo, o de que la UCI está en contra del ciclismo.
Él, Freire, es el único corredor por el que pondría la mano en el fuego que nunca se ha dopado. Y eso es más importante que todo su palmarés.

Cuando se retire, Óscar Freire Gómez desaparecerá de la vida pública para siempre. Dudo que tenga nada que ver con el ciclismo de profesionales nunca más. Repartirá su tiempo entre Cantabria y Suiza, donde vive con su mujer y sus hijos. Supongo que, aparte de en la memoria de los buenos aficionados de todo el mundo, el apellido Freire sólo reaparecerá cuando Marcos o Mateo Freire vuelvan a subirlo (ojalá) a lo alto de un podium.

PD: Lleva entre 2 años menos de 60 días de competición, así que sin lesiones de por medio apuesto que algo gordo cae en 2011.

18 pensamientos en “LE LLAMABAN TRINIDAD por jorf

  1. Que bueno es Freire y que poco se valora todo lo que ha conseguido

    Como tu has dicho muchas veces, jorf, no se valora el ciclismo de clásica tanto como el de 3 semanas

    Gran post

  2. Por la pasión que le pones y la extensión del post yo lo titularía “El Evangelio del ciclismo según San Freire”. Enhorabuena, Jorf.

  3. Emotivo artículo, Jorf. Freire reúne tres cualidades fundamentales en un corredor de sus características: Clase, inteligencia e instinto. Eso le ha llevado a tener un palmarés excepcional, que lo sería más si las lesiones y las circunstancias de equipo lo hubieran permitido.

    Este año ha hecho la burrada de ganar Milán-San Remo y París-Tours (principio y fin de temporada), con operación de sinusitis de por medio. Una pena que no haya podido conseguir una Flecha Valona o una Lieja-Bastogne-Lieja, porque creo que podía tenerla en las piernas.

    Aún disfrutaremos un año más de él. Y como dice Jorf, como mínimo, pues si es campeón del mundo lo mismo se queda para 2012 y va a Londres.

    PD: Entrevista con Josu Garai:

    http://www.marca.com/2010/10/12/ciclismo/1286877134.html

  4. Genial Jorf. A veces hace falta recopilar de una tacada toda una carrera para darnos cuenta de lo grande que es un deportista que siempre nos suena porque siempre está ahí pero sobre el que casi nunca se posan los focos. Tremendo palmarés el de Freire, una leyenda de nuestro deporte

  5. Genial, Jorf.

    Ya te dije en el 13T que lo mejor que podías hacer si te gusta el ciclismo es hacer este tipo de post.

    Una sugerencia:

    Escribiendo así de bien como lo haces podrías marcarte una entrada sobre un clasicómano y sprinter que posiblemente fuese el precursor de Freire, Miguel Poblet.

    Siempre me ha atraído la figura de este hombre, ganador dos veces de la Milán-San Remo, que no es muy conocido en España pero que en Italia es muy recordado.

    Un saludo.

  6. Gracias a todos, si habeis disfrutado tanto leyendo como yo escribiendo este artículo-resumen de la vida ciclista de Freire, ya es mucho!!
    Es imparcial porque ya sabéis que no puedo ser objetivo con este tío, aunque he tratado de ser lo menos forofo posible 😀

    Greatmike, no conozco lo suficiente de Poblet para escribir algo en condiciones, pero seguro que puedes aprender mucho de este buen artículo, que es donde yo he encontrado más y mejor información sobre el (información cualitativa, no cuantitativa al estilo de un listado de victorias) http://postdelisole.blogspot.com/2008/05/perdidos-del-pelotn-miguel-poblet.html Aparte tiene otros muy buenos artículos, es “obligado” tenerlo en Favoritos 😉

    Snedecor, al césar lo del césar, tenías razón y he vuelto al 13tblog, cuando salió el Solomillogate no pude contenerme 🙂

    Batua, gran título, desde luego le pega que ni con cola!!

    Vialegre, nada me haría más ilusión que verlo en Londres 2012 ganando la prueba en ruta vistiendo el arcobaleno. Por soñar…

  7. La victoria de Freire en el Mundial de Verona 99

    es la victoria que más me ha emocionado de todas las carreras que he visto junto con la de Samuel Sanchez en los Juegos. Por que los españoles no eran nadie ni en Mundiales ni en carreras de un día, porque no tenía ni idea de quien era Freire, y porque a ciertas edades este tipo de cosas impresionan más. De hecho, si un pero he de ponerle a Freire es que no hubiera conseguido más victorias como aquella, atacando. También se puede decir que quizás no haya sido un ciclista que haya buscado sus límites como otros, pero esa es su forma de entender el ciclismo y quizá sea la mejor forma de hacerlo.

  8. Hola. Como ya te dije en el 13t, me hen gustado mucho este post. Muestra a las claras que Freire es un tipo único, un genio. No ha habido otro Freire antes y no habrá ninguno después. Y hemos tenido una inmensa fortuna al poder disfrutarlo en vivo, sin que nadie te lo cuente.

  9. Enhorabuena por el perfil. Como se dice, un corredor que no deja a nadie indiferente, el mejor solista del mundo.

  10. Jorf

    al final me estás convenciendo de la verdadera magnitud y dimensión de la carrera de Freire. Es evidente que aquí se le está ninguneando su verdadera dimensión debido a que su perfil de ganador de grandes clásicas no está lo suficientemente reconocido en nuestro país. La sombra de las grandes vueltas que durante tres semanas enfocan las proezas de los ciclistas eclipsan sus hazañas porque su victorias apenas tienen repercusión mediática. Sólo minúsculas reseñas sin bombo ni platillo que anuncian sus carreras y pocas portadas. Por lo visto, sólo los entendidos en ciclismo y con una visión amplia, no reducida exclusivamente a las 3 grandes, lo situan en el lugar que merece.

    Estoy deseando que te vayas y que vuelvas ya. ¡Queremos más! Pásalo bien, aunque este deseo es redundante porque estoy convencido que así será.

    P.D.

    Sigue en pie mi idea de montar un gran clásica por el Reyno de Sobrarbe. Quiero batirme con Najavino y chuparle rueda hasta el sprint final para enseñarle lo bien que muevo el culo sobre la bici. 🙂

    ¿Alguien más se apuntaría? ¿Lagarto?

  11. Flags, querido, o te compras el motor de Cancellara o lo unico que vas a ver es el color de mis calzones durante una fraccion de segundo 😉

    Creo que necesito un rival de mi altura, posiblemente algun amigo de Jorf (el no porque ya ha confesado que por fisico no le gusta subir) pueda hacerme sombra, pero contigo seria para denunciarme por abuso manifiesto

  12. ÓSCAR FREIRE, el mayor olvidado de entre todos los más grandes deportistas españoles de todos los tiempos. Príncipe de Asturias ya!!! (Ah no, perdón, que este premio ya está devaluado). Reconocimiento ya, no podemos seguirnos llenando la boca con Indurain al hablar de ciclismo y, lo que es peor, ponernos a nombrar seguidamente a Delgado, Bahamontes, Ocaña… Y olvidarnos de Freire. Que el Tour se corre un mes del año, y la temporada ciclista son muchos más.

  13. Jorf, si fuera posible, tus acérrimos lectores agradeceríamos que te marcases un post analizando el Giro que se nos avecina. Creo que lo merece y que puede marcar un antes y un despúes en la historia actual del ciclismo (toma topicazo)

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