EL ULTIMO ROBIN HOOD por Greatmike

Hola, amigos:

Hoy vamos a hablar de Jack Churchill, un inglés apodado “el loco” y también “el luchador”, un soldado famoso por su manejo de la espada y el arco, con cierto talento para tocar la gaita escocesa. Luchó por su país, fue capturado, se escapó…

Hasta aquí da la sensación de no ser una historia especialmente peculiar. Lo que la convierte en verdaderamente curiosa es que nuestro amigo nació en 1906 y sus hazañas guerreras con arco, flechas y espada las llevó a cabo durante  la II Guerra Mundial.

Vamos allá.

Jack Malcolm Thorpe Fleming Churchill nació en Hong Kong el 16 de septiembre de 1906. En 1926 se graduó como oficial en la academia militar de Sandhurst y fue destinado a Birmania. Sus superiores y compañeros se quedaron verdaderamente sorprendidos cuando lo vieron llegar con una enorme espada medieval. No se trataba del sable típico de los oficiales de caballería, sino de una espada tipo Claymore, que había que blandir con las dos manos porque medía 1,20 metros y pesaba casi 2 Kg, del estilo de la que podemos ver empuñando a Mel Gibson en la película “Braveheart“.

Cuando le preguntaron por su amiga se limitó a contestar “Por favor, cualquier oficial que no lleve su espada, no está adecuadamente vestido“, y zanjó la cuestión con la primera pincelada de lo que prometía ser un carácter peculiar como pocos.

El espíritu libre de Churchill lo hizo destacar en un ejército ya de por sí repleto de excéntricos. En una ocasión le ordenaron impartir un curso de señales en Poona, India, pero no le especificaron expresamente el medio de transporte ni el itinerario. Así que nuestro amigo decidió hacer turismo por Birmania y el subcontinente indio y se fue en moto desde Rangún, para volver pasando por Calcuta, donde debía embarcar de nuevo para Rangún. Más de 3500 km por carreteras polvorientas, en las que tuvo que enfrentarse a peligros como el de un enorme búfalo, asustado al oír por primera vez en su vida un motor de explosión, que embistió su motocicleta. De milagro, logró llegar a tiempo a su unidad cuando estalló la rebelión de Birmania, en 1930.

Al finalizar el conflicto, recorrió en la misma moto más de 800 Km a través de la selva birmana, desde Rangún a Maymyo, para incorporarse a su nuevo destino. Un viaje muy difícil y peligroso porque no existía ni una sola carretera y debió circular por las vías del ferrocarril. Cruzó  los ríos empujando su moto por encima del raíl del tren, mientras él iba pisando cuidadosamente por las traviesas de madera, a veces a decenas de metros de altura.

Este no es nuestro amigo, pero la moto es muy parecida a la que utilizó en Birmania. Para que os hagáis una idea de lo incómodo del trasto.

En Maymyo se hizo muy amigo del gaitero mayor de los Highlanders de Cameron, que le enseñó los secretos de la gaita. Siempre demostraría tener mucha más pasión que talento, aunque con el tiempo terminó tocando aceptablemente. Y fue allí donde comenzaría a practicar el tiro con arco, que al contrario que la música se le dio bien desde el principio.

Al acabar el periodo de servicio y volver a Inglaterra, la inactividad lo convirtió en una pesadilla para sus superiores y para sí mismo, de forma que pidió la baja y se fue a trabajar como redactor de un periódico en Nairobi. No se adaptó tampoco y volvió a Londres, donde trató de trabajar en el cine aprovechando su físico y su habilidad con el arco. Sólo consiguió papeles de extra en algunas películas de aventuras, pero tuvo la fortuna de conocer a un joven actor que luego sería una estrella, Robert Taylor, durante el rodaje de “Sabu y El ladrón de Bagdad“. Su amistad duraría toda la vida.

En 1939 fue seleccionado para formar parte de la selección nacional inglesa que participó en el Campeonato Mundial de Tiro con Arco, que se celebraba en Oslo, y allí le sorprendió la guerra. Consiguió regresar y ser aceptado de nuevo en el ejercito. Fue destinado al Regimiento de Manchester que defendía la Linea Maginot, en Francia, donde se incorporó con su inseparable espada Claymore y unos cuantos accesorios:  una gaita escocesa, un arco tipo longbow de madera de tejo español, construido a la usanza medieval, y un montón de flechas de madera con punta de acero. Durante los primeros meses de la guerra, mientras los alemanes arrasaban Polonia, ingleses y franceses no movieron un solo dedo. Sin nada que hacer, Jack aprovechó la calma para practicar tanto como pudo con su arco.

Cuando los alemanes decidieron atacar a los aliados, la fuerza expedicionaria británica quedó cercada en la ciudad costera de Dunkerque y el 27 de Mayo nuestro amigo tuvo ocasión, por fin, de entrar en combate con su equipamiento medieval.

Aquí tenemos a Jack durante los Mundiales de Oslo:

Churchill estaba al mando de una posición en el pueblo de L’Epinette. Ante la guarnición británica, a poca distancia, había un muro que los alemanes podían usar para aproximarse sin ser vistos y guarecerse tras él. Pero a la derecha había un enorme granero desde el que se podía divisar lo que hubiese al otro lado, así que armado con su arco y acompañado de dos fusileros llegó hasta el granero, subió al desván y vió que tras el muro había cinco soldados alemanes. Susurró a sus hombres que no disparasen hasta que su flecha llegara a destino y luego abriesen fuego rápidamente. Nuestro amigo tensó su arco, se llevó la cuerda a la mejilla y disparó al feldwebel (sargento) que comandaba el grupo de alemanes. La flecha se hundió en su pecho hasta las plumas, y a continuación  sus hombres abatieron al resto de la patrulla.

Hacía varios siglos que no moría un soldado en combate atravesado por una flecha.

Y no sería el último.

La página 21 del diario de guerra de la 4ª brigada de infantería, con fecha 30 de mayo de 1940, dice textualmente:

Una de las incidencias más celebradas de la evacuación de Dunkerque fue la visión del capitán Churchill, marchando por la playa con su arco y sus flechas. Sus acciones en el Saar con sus flechas son conocidas por muchos y su disgusto por no haber podido practicar con ellas tanto como le habría gustado, ha sido notable. Su ejemplo y buen trabajo con su grupo de ametralladoras han sido una gran ayuda para la 4ª brigada de infantería”.

Tras ser evacuado de Dunkerque, se presentó voluntario en el recién creado Cuerpo de Comandos. Cuando le preguntaron por los motivos se limitó a contestar “Porque parece peligroso“. El durísimo entrenamiento en las montañas escocesas, con lluvia, barro y muchísimo frío, parecía darle fuerzas en lugar de quitárselas y comenzó a decir que se sentía escocés de adopción. Estuvo a punto de ser expulsado porque adoptó la costumbre de  tocar la gaita (y creo que también los cojones) a las tres de la mañana, imbuido del espíritu de las Highlands, para desesperación de sus agotados compañeros.

En 1943, en el desembarco de Salerno, Churchill estaba al mando de la segunda unidad de comandos, donde estaba bajo sus órdenes otro Churchill ilustre, el hijo del primer ministro Winston. Debía tomar una localidad llamada Piegoletti, rodeada de una espesa vegetación que impedía cualquier posibilidad de avanzar de forma organizada. Adelantándose a sus propias tropas, con su espada firmemente sujeta, y acompañado únicamente por un cabo llamado Ruffell, avanzó hasta la población y se infiltró en las posiciones alemanas sin ser descubierto por el enemigo. Uno tras otro, intimidando a los defensores con la enorme espada y una mirada feroz, se fue haciendo con los puestos de guardia en silencio. Según iba capturando alemanes, le pasaba los prisioneros a Ruffell. Al amanecer, Churchill y su compañero volvieron a las líneas inglesas.

De forma increíble, con una espada medieval y sin disparar un solo tiro, había desmantelado en silencio la defensa del pueblo y había capturado 42 prisioneros, varias ametralladoras y un mortero. Fue recompensado con la DSO, orden de servicios distinguidos.

A continuación fue destinado a Yugoslavia, con la misión de instruir y guiar a los partisanos en acciones de guerrilla. Tomó la decisión de no llevarse la espada y el arco porque el salto en paracaídas era muy peligroso, pero se negó en rotundo a marchar sin su gaita. Se convirtió en toda una celebridad entre los guerrilleros por llevarla a todos sitios, incluyendo las misiones de sabotaje. Y fue precisamente en los Balcanes donde su suerte pareció haber tocado techo.

Durante un ataque, nuestro amigo quedó aislado con seis hombres, tres de ellos gravemente heridos.  Sabía que las órdenes de Hitler eran ejecutar en el acto a todos los comandos y guerrilleros capturados, así que cuando se le acabó la munición suspiró, cogió su inseparable gaita y comenzó a tocar “Will ye no come back again?” ( ¿no volverás de nuevo? ). A mitad de canción cayó muy cerca una granada que lo dejó inconsciente y cuando volvió en sí se encontró rodeado de alemanes.

Esta versión de la famosa canción escocesa es de Sarena Patton, una pasada:

Jack tuvo suerte porque eran soldados pertenecientes al ejército tradicional, la Wermacht, y no el ejército compuesto por los fanáticos nazis, las Waffen SS. El capitán Thuener, al mando de la patrulla que les había capturado, estaba tan impresionado por el valor de Churchill que le dijo: “Usted es un soldado como yo. Me niego a que los carniceros de la Gestapo le maten” y lo mandó a un campo de prisioneros de guerra sin comunicárselo a la Policía Política ni las SS.

Mucho más tarde, al finalizar la contienda, nuestro amigo tuvo la oportunidad de agradecerle a Thuener su deferencia profesional salvándole de los rusos, que iban a enviarlo a un gulag, haciendo que lo internaran en un campo de prisioneros americano del que luego pudo salir con vida.

Tras varios intentos de fuga y sus correspondientes capturas, consiguió al fin su propósito en  Abril de 1945. Después de ocho días vagando por la frontera entre Alemania, Suiza e Italia, consiguió llegar hasta las líneas de los americanos, donde se enteró del suicidio de Hitler y la rendición de Alemania. Volvía a estar libre, pero el hecho de haberse perdido casi dos años de guerra en cautiverio era frustrante para él, así que pidió ser enviado de nuevo al frente. Aceptaron su solicitud y lo destinaron a Birmania, pero no tuvo la oportunidad de volver a luchar porque mientras viajaba en el barco los americanos aniquilaron Hiroshima y Nagasaki, dando por finalizada la Segunda Guerra Mundial definitivamente.

En esta ocasión, Churchill permaneció en el ejército y en 1946, después de graduarse como paracaidista a los cuarenta años de edad, fue destinado a Hong Kong.

Allí lo localizó su antiguo amigo, Robert Taylor. La Twentieh Century Fox estaba rodando “Ivanhoe” en Inglaterra y su compadre le pidió que hiciese un cameo aprovechando un permiso. El estudio le pagó un avión para que lo llevase hasta Inglaterra en vez de ir en barco y Jack  aparece brevemente disparando con un arco desde las almenas del castillo de Warwick, que es el que aparece al fondo en el cartel de la película.

En 1948, con el rango de Mayor de Paracaidistas, fue destinado a Palestina, donde ganó su segunda DSO en un enorme acto de valentía al conseguir rescatar a una unidad atrapada bajo fuego árabe, con toda la pinta de ser aniquilada. Al finalizar el Protectorado británico sobre Palestina volvió a Inglaterra, donde su curiosa personalidad le impedía pasar desapercibido. Los pasajeros poco habituales del tren de Londres se quedaban de piedra al ver cómo un elegante pasajero se levantaba de su asiento, abría la ventanilla, arrojaba su maleta por ella sin contemplaciones y volvía a sentarse, para bajar tranquilamente cuando llegaba el tren a una estación, pocos minutos después.

Los habituales sabían que había lanzado la maleta al jardín trasero de su casa, que estaba al lado de la vía, y de esta forma se ahorraba tener que cargar con ella.

Aburrido, aceptó un puesto como instructor en la Escuela de Guerra Aerotransportada en Australia, donde se convirtió en un fanático practicante del surf. A volver a Inglaterra, fue el primer hombre que remontó el río Severn haciendo surf sobre la ola de metro y medio que la marea lanza tierra adentro, sobre una tabla diseñada por él mismo. La hazaña no pasó desapercibida, y hoy día cientos de surferos se dan cita cada año para cabalgar la enorme ola de agua dulce.

Finalmente, ya desmovilizado, aceptó un puesto en el Ministerio de Defensa como profesor de cadetes y se dedicó a la fabricación artesana de maquetas de barcos por radio control, con tal calidad de acabados y detalles que llegaron a ser objetos de coleccionista.

Jack Churchill murió plácidamente en su casa de Surrey en 1996.

Con él murió el último arquero inglés capaz de abatir a un enemigo con una flecha, 600 años después de la batalla de Crécy, con un arco tipo longbow hecho de tejo español.

Tejo español… si es que al final estamos metidos en todo, aunque sea de refilón.

Besos a tod@s.

 

 

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10 pensamientos en “EL ULTIMO ROBIN HOOD por Greatmike

  1. Greatmike:

    Felicidades por este articulo, muy interesante y ameno. No tenia ni idea de quien era este Jack Churchill, que sin duda fue digno sucesor de Robin Hood y que, si su historia hubiese sido llevada al cine, podria haber sido interpretado por el gran Peter Sellers… Me atraen mucho estos personajes a quienes les gusta hacer la guerra por su cuenta (y en el caso del amigo Jack, nunca mejor dicho), sin importarles lo que hagan o digan los demas. Son, en cierto modo, los Don Quijotes de nuestro tiempo. El mundo del jazz, por ejemplo, esta’ lleno de sujetos semejantes, y siempre me ha gustado leer sobre ellos.

    Muchas gracias por acercarnos al blog la sorprendente historia de Jack Churchill de la manera en que lo has hecho.

    Saludos desde Memphis!

    Antonusa.

  2. Fantástico, greatmike, como siempre. Creo que los ingleses tienen una pintoresca forma de entender la vida (se suele resumir con la famosa “flema británica”, pero es más que eso), que hace que tipos como este sólo puedan florecer allí (aunque sea emigrando desde Hong Kong.

    Abrazos!

  3. La impresión de terror de los soldados alemanes al ver a un guerrero “escocés” blandiendo una Claymore los debió paralizar. El efecto sorpresa de esa arma primitiva seguramente provocó un shock emocional propio de aquellos que se encuentran con algo inesperado. Es el poder psicológico de la fuerza de la salvaje espada que tiene la capacidad de infundir pánico en la civilizada y cobarde metralleta. Algo parecido del tamborilero del Brich que derrotó a las fuerzas napoleónicas redoblando el tambor. Un niño y un tambor. Un loco y una Claymore.

  4. Gran relato Greatmike, todo un romántico este Churchill. Mientras tanto Hollywood sigue quedándose sin ideas…

  5. muy buena esa historia Greatmike, no conocia a este tipo, pero desde luego, simpatizo con sus gustos armamentisticos, el clasico arco largo ingles vencedor de Crécy y una espada, como diría cocodrilo Dundee, esto si es un cuchillo, y como se suele decir, la realidad, siempre supera a la ficción,
    mojo, la pena es que seguramente si no existe una pelicula de estas de serie b, c h, o j sobre este tipo, poco le falta, y seguramente el dia que la pusieron en la tele todos dijimos, vaya locura de guion, o seguramente si la hicieran, todos los que no conocen la realidad, dirian algo como que se han fumaooo estos guionistas

  6. Fantástica historia Greatmike!
    Pienso como Erkil, si la llevaran al cine diríamos que se han pasado tres pueblos haciendo un personaje tan peculiar… pero yo al menos no me la perdería 🙂

    La historia con el capitán alemán me ha encantado. Siempre me han atraído esos códigos de honor y el respeto entre enemigos que se ven en algunas películas, y me alegra saber que no son sólo una invención del cine.

    La vida plena de un aventurero… la he disfrutado mucho, ¡gracias!

  7. Yo siempre me he rebelado contra los códigos de honor. Por ejemplo el Puente sobre el Rio Kwai me parece soberbia al respecto. El código de honor supone luchar contra tu propio ejército. Aceptada la guerra no hay honor y mucho menos si tus fuerzas son inferiores. Es un suicidio.

  8. Antonusa, Aupa:

    La historia esta llena de personajes españoles tan curiosos como nuestro Churchill o más, lo que pasa es que los ingleses suelen ser muy buenos publicistas y para este tipo de personajes es relativamente fácil encontrar información.

    Pero es que a veces sus historias son tan fascinantes como esta y merece la pena acercarse a ellas. En cuanto a la flema, reconozco que cuando era joven me caían muy mal los ingleses y no llevaba bien su carácter. Recuerdo que muchas veces al decir de dónde era me decían “Oh, Spanish people, very funny”.

    Y “funny” significa simpático, pero también “rarito” o “especial”. Nunca sabía qué sentido darle a la frase y me molestaba mucho. Hoy día me hace mucha gracia su sentido del humor y su flema.

    Mojo, Erkil, Jorf:

    Es una vida que difícilmente se puede llevar al cine como bien decís, pero que da para un buen libro de aventuras, o al menos para un ratito como este para compartir con amigos, ¿no?

    Liang:

    El respeto entre soldados, los códigos de honor, son antiquísimos. Cuando se inventó la moderna artillería, las tiendas de los generales en jefe tipo Napoleón o Wellington se señalizaban claramente con banderas para que el enemigo pudiera evitar el bombardeo sobre ellas.

    Incluso en la Segunda Guerra Mundial, a los oficiales hechos prisioneros se les pedía que dieran su palabra de honor de no escapar. Pocas veces la daban, pero cuando lo hacían poquísimas veces dejaban de cumplirla.

    Flags:

    Me hubiese gustado ver la cara de uno de esos alemanes al ver a un tipo con cara de loco y una espada asaltar su puesto. Hay que tener en cuenta que eran soldados muy jóvenes porque los veteranos peleaban en el frente del Este y por tanto más fácilmente impresionables pero tiene su mérito capturar un pueblo con una espada.

    En cuanto a los códigos de honor, me temo que ya es historia.

    Por ejemplo, EEUU y la URSS fueron los instigadores de los juicios de Nuremberg y co-redactores de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU.

    Y no tienen firmada esa declaración. Oficialmente no reconocen que la tortura sea ilegal, por ejemplo.

    Ahí ha quedado retratado el honor.

  9. Genial artículo, el mejor que te he leído greatmike. Se me pasó en su día pero estoy en shock.

    Impresionante tanto la vida como la forma de contarlo.

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