COACH HYNDMAN por snedecor

Vale que, aunque fuera nombrado Mejor Entrenador de la MLS del año 2010, Schellas Hyndman no es el mejor entrenador del mundo, pero dudo que haya muchos más técnicos de primer nivel que sean capaces de aguantar con gesto impertérrito varias patadas consecutivas en la entrepierna, como podemos ver al comienzo de este vídeo de una exhibición de artes marciales en la que participó hace unos años.

Aunque sólo fuera por eso, ya se merecería un post. Pero la historia del entrenador del FC Dallas da para bastante más que para una breve aparición de diez segundos en un vídeo entre curioso y bizarro. Veréis. La de Schellas Hyndman es una vida tan atípica que está llena de tópicos. Probablemente, si en vez de al fútbol se hubiera dedicado al football, en unos años tendríamos una película basada en su historia, una de esas cintas típicamente americanas sobre el hombre hecho a sí mismo al que, tras superar una infancia difícil y traumática, el éxito le llega lo suficientemente tarde como para saber asimilar su relatividad. Pero el soccer no está hecho para el cine hollywoodiense, y me temo que Hyndman se tendrá que conformar con sus reconocimientos como entrenador y la satisfacción personal de saber que ha hecho el bien allí por donde ha ido (que no es poco). De todas formas, yo por si acaso lanzo el guante a cualquier guionista necesitado de ideas. Al fin y al cabo, peores películas se han hecho.

Macao, Julio de 1949 (Jack Birns para la revista LIFE)

Toda la existencia de Schellas Hyndman es un cúmulo de circunstancias desde que, allá por el siglo XVI, los portugueses se establecieran en Macao. Y si nos retrotraemos tanto en el tiempo es porque sin esa colonia hubiera sido algo más difícil que su abuelo paterno, un marinero luso, tuviera descendencia en la costa sudoriental de China, y desde luego porque de no haber existido Macao tal y como la conocemos, con su herencia cultural europea, seguramente nunca hubiéramos oído hablar del bueno de Schellas, o al menos no relacionándolo con el fútbol. Pero no nos adelantemos. El siguiente acontecimiento histórico que influyó en la concepción de nuestro protagonista fue la Revolución Bolchevique en la Rusia de 1917, de la que huyó su familia materna en dirección a China. En la dura Shanghai de los años cuarenta surgió el flechazo entre sus progenitores, pero en una familia tan marcada por la Historia todavía faltaba un nuevo giro argumental: la turbulenta llegada de Mao Zedong al poder en 1949 trajo el comunismo al gigante asiático y supuso el éxodo de miles de extranjeros; entre ellos los padres de un Schellas que ya venía en camino, y que acabaron estableciéndose en Macao gracias al origen luso del hombre de la casa. Hablamos por tanto del hijo de dos exiliados políticos, con el dramatismo que la forzada huida de una joven pareja que espera su primer hijo siempre le confiere a cualquier narración. En la colonia portuguesa vino al mundo nuestro protagonista, y en sus calles tuvo su primer contacto con el fútbol (cosa de nuestros vecinos, claro), pero también conoció la intolerancia de la sociedad: para los portugueses Schellas era un chino, y para los chinos un europeo. Es decir, el siguiente tópico de su atípica existencia es el haber sido un niño marginado, elemento que siempre refuerza cualquier historia melodramática. Y su vida sólo estaba empezando.

St Raphael Church (Spingfield, Ohio)

Pronto el temor a una hipotética invasión comunista forzó a la familia a emprender un nuevo camino. Siguiendo los pasos de una hermana del padre, que había contraído matrimonio con un militar estadounidense, en 1957 la peculiar familia se trasladó nada menos que a Springfield, Ohio, persiguiendo su particular sueño americano. Otro topicazo peliculero al que un buen guionista podría sacar bastante jugo, porque no fue fácil para Schellas llegar a un nuevo país con 8 años, siendo hijo único y sin saber una palabra de inglés. Al igual que en Macao, se encontró con que su exótico y mestizo origen no encajaba en ninguna comunidad étnica, y las cosas se complicaron cuando dos años después su padre falleció en un accidente de tráfico. Tras perder a su progenitor, ese niño marginado, huérfano y emigrante sobrevivió un tiempo gracias a la caridad de una parroquia católica local. Sin duda, el perfecto protagonista de una historia de película (o de un cuento de Dickens del siglo XX). Pero el destino todavía le podía dar una vuelta de tuerca más al personaje.

Quizás forzada por las circunstancias, su madre acabó encontrando un nuevo marido, un nuevo apellido y un nuevo hogar en Vandalia, también en Ohio, pero no eran ni el hombre ni el lugar perfectos. Él, un alcohólico con la mano demasiado larga, y el barrio un conflictivo suburbio en el que a base de peleas y navajazos se terminó de forjar el duro carácter de un joven solitario y maltratado. Todo tan dramáticamente tópico que seguro que hasta a nuestro amigo guionista sin ideas ya se le habría ocurrido. Sumergido en ese oscuro ambiente, el joven Schellas jamás pensó en huir de los problemas. “Si me van a pegar”, se decía, “por lo menos lucharé”. Así que a los 16 años Hyndman comenzó a frecuentar un gimnasio de artes marciales con el doble objetivo de poder detener las palizas de su padrastro y tener más opciones de sobrevivir en las peleas callejeras. Lo primero, afortunadamente, lo consiguió. Lo segundo también, aunque por el camino le obsequiaron con una nariz rota y una cicatriz de siete centímetros en el pecho fruto de una puñalada traicionera. Su vida iba camino de ser una de tantas que se pierden en las calles hasta que una mano salvadora lo apartó de todo aquello. Como en la típica película americana, vamos.

Y fue precisamente la familia que había motivado el viaje a Estados Unidos la que acudió al rescate. Su primo Pat lo tomó bajo su protección y con él volvió a jugar al fútbol, lo que le sirvió para sentirse por primera vez aceptado e integrado en un grupo. También llegó el primer amor, gracias al que supo por fin lo que era una familia normal. Y de repente todo cambió. Como en el fondo era un crío de buen corazón que sólo necesitaba una señal para encontrar el buen camino (qué tópico suena, ¿no?), Schellas se centró y completó su etapa en el instituto. Además, simultaneó el soccer con el atletismo y la práctica del Aiki Ju-Jutsu, un arte marcial mixto similar al karate y basado principalmente en el autocontrol mental. Su carrera futbolística y estudiantil pasó luego por las universidades de Eastern Illinois y de Murray State (en las que se graduó en Educación Física), y en 1975 hasta hizo una breve aparición con los Cincinnati Comets en la American Soccer League, un sucedáneo de la NASL creado en los setenta y que acabó igual de mal que la famosa liga de Pelé, Cruyff y Beckenbauer. Pero no estamos hablando de alguien que sale del infierno para llegar al estrellato balompédico nada más cumplir los veinticinco. No, esa hubiera sido una manera muy burda de resolver este guión.

Ya en Murray State había hecho sus pinitos como entrenador, y, tras su paso por los Comets, Hyndman aprovechó su dominio del portugués para trasladarse a Brasil, donde pasó dos años aprendiendo y entrenando en la Escuela de Fútbol del Sao Paulo. Con sólo 28 años, en 1977 Schellas había adquirido la titulación y experiencia suficientes como para sentarse en el banquillo de un equipo universitario de su país de adopción (tampoco íbamos a pedirle el salto al primer nivel europeo, ¿verdad?). Tomó las riendas de Eastern Illinois y en cuatro años llevó al equipo de la segunda división de la NSCAA al tercer puesto nacional, siendo nombrado Entrenador del Año en esa mágica temporada de 1981. Su buena labor en Illinois no pasó desapercibida y en 1984 aceptó una oferta de la Southern Methodist University de Dallas. Y allí fue donde Hyndman se convirtió en el típico entrenador respetado y venerado que estamos acostumbrados a ver en las películas sobre deporte universitario. No cuesta imaginárselo vestido con su eterna cazadora de cuero y su gorra con el logo de la Universidad, siendo un entrenador duro y puede que un poco cascarrabias, rodeado de muchos mitos y rumores, pero también capaz de crear un auténtico equipo a su alrededor gracias a su sapiencia balompédica y a su arrolladora personalidad. Porque seguramente en la película Schellas daría valiosas lecciones de fútbol y de vida a unos jóvenes de buena familia que se quedarían impactados al ir descubriendo poco a poco (quizás por casualidad, o tal vez en emotivas charlas que levantarían el ánimo del grupo justo antes de un partido decisivo) todas las vicisitudes sufridas por su carismático coach a lo largo de los años. Ya sabéis, lo típico.

Schellas Hyndman entrenador de Southern Methodist University de Dallas en la NSCAA

De hecho, imagino que algo así ocurrió también en la realidad. Porque pese a no ser precisamente una potencia capaz de atraer a las mejores promesas del país, durante los 24 años de Schellas Hyndman al frente del equipo de la SMU los Mustangs se presentaron 23 veces en la fase final de la NCAA, alcanzando dos años la Final Four, con una impresionante estadística de 368 victorias, 96 derrotas y 38 empates que colocaba a Hyndman como el entrenador universitario con el segundo mejor ratio de victorias por partidos disputados. Paralelamente, Schellas siguió avanzando también en el dojo hasta alcanzar la categoría de maestro de su especialidad (cinturón negro décimo dan), compitiendo profesionalmente y dando clases de defensa personal a diversos colectivos texanos. Las artes marciales suponían el contrapunto perfecto a su trabajo en los terrenos de juego, y de ellas extrajo algunas teorías que aplicó con éxito al fútbol, especialmente en el apartado mental, pero también en la búsqueda y aprovechamiento de las debilidades del rival. Su reputación en el mundillo universitario era importante, y en Youtube, además del video con su exhibición de testiculina, hay también varios fragmentos de los DVD’s que grabó para la NCAA y la Federación Estadounidense sobre el entrenamiento de distintos aspectos tácticos del soccer. Sí, finalmente el niño refugiado, marginado, huérfano y maltratado había reconducido su vida, había formado una familia, triunfaba en el deporte como entrenador y educador y, por si fuera poco, en sus ratos libres ayudaba desinteresadamente a la comunidad en la que creció, la misma que no había cuidado de él en sus años perdidos. Ése sería un bonito y ejemplarizante final, pero convendremos todos en que a la historia le faltaría algo de brillo.

 

Clark Hunt y Schellas Hyndman el día que el entrenador fue elegido miembro del Walk of Fame de Pizza Hut Park

Continuemos entonces. Pensemos en uno de esos jóvenes universitarios de familia bien. Un tipo guapo y asquerosamente rico desde que su abuelo se convirtiera en un magnate del petróleo; tal vez algo presumido y arrogante, pero con el carisma necesario como para ser el capitán del equipo de soccer y enamorar a toda una Miss Kansas. ¿Veis cómo lo único que falla en la historia es el deporte elegido por Hyndman, que todo luciría más si habláramos de béisbol, hockey o fútbol americano? Pero en fin, es lo que hay. Volvamos al joven rubio de ojos azules. También, pese a las apariencias, se trata de un chico inteligente y sensible que sabe reconocer la valía de su Entrenador. Desde que dejara la SMU a finales de los 80, Clark Hunt ha prestado sus servicios como analista financiero para Goldman Sachs y luego se ha dedicado a gestionar el emporio deportivo creado por su padre Lamar Hunt (uno de los promotores de la MLS), que contaba entonces con tres equipos en la liga de soccer y uno en la NFL (los Kansas City Chiefs). En 2006, a la muerte del fundador, Clark hereda, entre otras muchas propiedades y una vida resuelta, dos franquicias futbolísticas muy diferentes: una, Columbus Crew, en Ohio, perfectamente organizada en lo deportivo, con un ambicioso plan que la llevará a ganar su primer título en un par de años; y otra, FC Dallas, en Texas, tremendamente irregular, que camina sin rumbo definido casi desde su fundación, alternando malas temporadas con otras sólo regulares. A mediados de 2008, mientras Columbus domina con mano de hierro la fase regular de la MLS, Dallas sólo ha ganado 4 de los 13 partidos que se llevan disputados, y Hunt decide dar un volantazo a la situación y arrancar un nuevo proyecto en la franquicia texana. Y, por supuesto, piensa en su admirado Schellas Hyndman para que lo lidere. ¿Quién si no?

Así que a los 59 años, y de la mano de uno de sus agradecidos discípulos de la Universidad Metodista Sureña, Hyndman recibió por fin la primera oportunidad para entrenar a un equipo profesional. Y los resultados llegaron, aunque (como no podía ser de otra manera, viendo cómo se ha desarrollado toda su vida) no fueron inmediatos. Cuatro victorias y 8 empates en 17 partidos fue el pobre balance de sus primeros meses en el cargo. En 2009, la de Dallas fue la segunda peor defensa de la liga y, aunque sólo perdió 6 partidos, empató 15 encuentros, lo que volvió a dejar al equipo fuera de los play-offs por el título, esta vez por un solo punto. En el campo parecía que las cosas no terminaban de arrancar, pero el trabajo fuera de él iba dando sus frutos. Hyndman pasó muchos meses hablando con sus jugadores, identificando a aquellos que no estaban comprometidos con el proyecto, corrigiendo la mala actitud de alguna joven estrella en ciernes y fichando a varios de sus ex-pupilos en los Mustangs hasta formar una auténtica familia. Un equipo con mayúsculas, de esos que se reúnen todas las semanas para celebrar la típica barbacoa de hermanamiento en casa de su respetado capitán, quien a su vez es un duro defensa de humildes raíces y ejemplar personalidad, la perfecta extensión del entrenador en el campo. Todo muy tópico, you know.

Con ese nuevo espíritu de alegre camaradería que Schellas logró despertar en sus jugadores, ya podéis suponer lo que pasaría después en la película, sobre todo si los productores deciden meter la zarpa. Lo que pasó en la realidad fue que llegó 2010 y Dallas enlazó una histórica racha de 19 partidos consecutivos sin perder, y empató a 2 con el Inter de Milán en un amistoso de verano, y entró por fin en play-offs, y se cargó a dos de los máximos favoritos (Real Salt Lake y L.A. Galaxy, campeón y subcampeón en 2009) para coronarse vencedor de la Conferencia Oeste y plantarse por primera vez en la final de la Liga. Una final que (oh, sorpresa) perdió ante los Colorado Rapids cuatro días después de que nombraran a su entrenador como el Mejor de la Liga. Y yo terminaría la historia ahí, con el equipo vencido sobre el césped del BMO Field de Toronto, y no esperaría a ver qué es capaz de hacer Hyndman en la temporada que arranca este 15 de marzo. Porque esta película no debería acabar con un triunfo apoteósico, sino con una agridulce derrota de la que extraer alguna importante enseñanza. Pero, como en toda película con pretensiones que se precie (¿verdad, Nojavino?), lo de encontrarle la moraleja se lo dejaremos al espectador.

FC Dallas perdió la Final de la MSL de 2010 en Toronto (Mike Cassese/REUTERS)

Pd.- Y sí, igual se me ha ido algo largo de metraje…

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6 pensamientos en “COACH HYNDMAN por snedecor

  1. Gracias como siempre a Flagrant por las imágenes. Hay que ver la pereza que me da a mí buscarlas y el talento que tiene él para encontrarlas. Las 3 primeras son espectaculares, en la vida se me habría ocurrido buscar una del Macao de 1949 o del calendario de los Comets del 75…

  2. El placer es mío, snedecor. La verdad es que disfruto maquetando tus entradas. Esta en especial era muy sugerente, y practicamente el texto tan guionizado me las iba sugiriendo conforme lo leía. Realmente la historia de chellas Hyndman merece una película. A John Houston le hubiese quedado de fábula, mucho más que Evasión o victoria. Las historias de perdedores las retrataba como nadie.

  3. Pues como en las pelis americanas, al final hay que levantarse y aplaudir.

    Como siempre, un placer leerte y ver las fotos, snedecor y flagrant. La historia es buenísima y cuenta con guión sólido. Eso sí, el comienzo es un poco friki y puede espantar a algunos espectadores.

  4. Pues sobresaliente, como no podía ser menos.

    Parafraseando a los que me comentais sobre F1. Conseguir que un tipo que pasa tanto del fútbol como yo se trague enterito el tocho y esté deseando que llegue el siguiente, tiene muchísimo mérito.

    Interesantísimo el uso de los tópicos para expresar la singularidad y estremecedor el vídeo (en todos los sentidos).

    Este hombre es, para mí, un modelo de self-made-man, y no el tito Bernie.

    Por cierto, ¿qué sabemos del gran Razak?

  5. Pues me alegro que os guste. Free, el video de karate tenía que estar sí o sí (fue lo primero “anormal” que conocí de Hyndman, lo demás vino luego en cascada), pero reconozco que dificulta el montaje 😉

    Greatmike, el GreatRazak parece que se ha volatilizado. Dejó tirado al Legia de Varsovia a los pocos días y pasó unas semanas a prueba en el Swansea galés (juega en el Championship inglés, por debajo de la Premier) pero no le cogieron. Eso fue en septiembre, y desde entonces hasta ahora no he encontrado nada sobre él. Si alguien se topa con él, que le dé recuerdos

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