La familia FIFA por snedecor

Entraba noviembre y se acercaba la fecha en la que la FIFA elegiría las sedes de los Mundiales 2018 y 2022, al primero de los cuales optaba España conjuntamente con Portugal. Suponiendo que mucha gente se dedicaría a evaluar y comparar las distintas candidaturas, me dio por bucear un poco en las biografías de los 24 hombres que tomarían la decisión. Ya desde el principio me di cuenta de que había material delicado como para parar un tren, y al poco tiempo lo que para mí ya era una certeza se convirtió en algo de dominio público cuando el Sunday Times cazó a dos de esos miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA aceptando un falso soborno. Ahí está el post por si queréis recordarlo, salpicado de innumerables casos de presunta corrupción y malas prácticas en general, todo (hasta ahora) sin demasiadas consecuencias.

Los propios miembros del Comité se encargaron de ponerse la soga al cuello cuando eligieron a Rusia y Qatar frente a otras candidaturas teóricamente más sólidas y preparadas para acoger lo que se supone que debe ser la gran fiesta del fútbol mundial. Más o menos todos aceptamos que los criterios fundamentales para decidir las sedes eran económicos, y muchos sospechamos que entre esos criterios económicos estaban también los posibles pagos que las candidaturas hubieran hecho a esos 22 hombres con derecho a voto. Tras un par de días de indignación, nos fuimos olvidando del asunto, al menos en España. No fue así en Inglaterra. Allí escoció mucho la elección de Rusia, sobre todo porque su espléndida candidatura se quedó fuera en la primera ronda de votaciones, prácticamente sin más apoyos que el de Geoff Thompson, el inglés que estaba en el Comité Ejecutivo. Desde las islas comenzaron a desvelar presuntas promesas incumplidas por parte del resto de miembros, y a aventurar los oscuros (o verdes) motivos por los que Rusia y Qatar (sobre todo Qatar) habían sido elegidas. Y desde Australia y Estados Unidos, dos candidaturas derrotadas por el minúsculo estado árabe, se cansaron de recalcar que en sus presupuestos no estaban contempladas ciertas partidas de dudosa moralidad que otros aspirantes sí habían puesto en circulación.

Pero aunque todos pudiéramos suponer que había mucho de verdad en eso que contaban los anglosajones, como nadie tenía ningún tipo de pruebas, todo quedaba en una especie de lloriqueo de perdedor. Incluso cuando este mismo mes de mayo, en una Comisión de Investigación del Parlamento británico sobre la transparencia en los organismos deportivos, el ex-presidente de la FA Lord Triesman declaró que varios miembros del Comité Ejecutivo habían pedido diversos favores a cambio de apoyar la candidatura inglesa, todo quedó en nada. No había más pruebas que su palabra, aunque desde luego que nadie medianamente informado (como vosotros, que leísteis el post) es tan ingenuo como para pensar que todo fuese inventado. Ni siquiera Ángel María Villar, que tanto interés puso en recalcar la honradez de sus compañeros en su discurso durante la presentación de la candidatura Ibérica. El Comité Ejecutivo se ha renovado parcialmente desde entonces, puesto que es año electoral en el mundo del fútbol y las distintas confederaciones van cambiando poco a poco de caras, pero los “hombres fuertes” permanecen. Y varios de ellos se han visto envueltos en esta última tormenta, que afecta a otra elección, esta vez la del mismísimo Presidente de la FIFA. Si prestasteis algo de atención a aquel post, seguro que los nombres de Mohammed Bin Hammam, Jack Warner o Chuck Blazer os suenan de algo, y la imagen que de ellos tenéis en vuestras mentes no será muy positiva. Después de leer este nuevo post, no creo que mejore. Allá vamos (y como siempre, paciencia, porque es largo).

Es difícil decir dónde y cuándo comienza todo este jaleo, porque los rumores sobre compra de votos no son algo novedoso en el mundo FIFA, sino más bien al contrario. Probablemente tendríamos que remontarnos al menos al Congreso de París en 1998 en el que Blatter accedió a la presidencia. El entonces Secretario General del organismo luchaba contra el presidente de la UEFA, Lennart Johansson, para suceder al anciano Joao Havelange. Johansson se perfilaba como ganador gracias, entre otras cosas, al apoyo de la Confederación Africana, que había anunciado que votaría en bloque por el sueco, pero en el último momento varios presidentes de federaciones africanas decidieron saltarse el acuerdo y votar por Blatter. Recordemos que la elección de Presidente se realiza mediante votación del Congreso, en el que todos los países asociados tienen un voto y todos los votos tienen el mismo valor, en un claro ejemplo de democracia real. El problema de este sistema es que se presta a todo tipo de chanchullos: no son pocos los países pobres que votan a cambio de promesas de alguna ayuda para sus federaciones (o por miedo a sufrir algún tipo de represalias económicas o incluso deportivas si no lo hacen), y tampoco es descabellado suponer que más de un dirigente corrupto buscará obtener un beneficio personal directo a cambio de su voto.

En 1998 el suizo ganó ajustadamente, 111 votos contra 80, pero con las sospechas de que al menos 18 federaciones africanas habían cambiado su voto a última hora merced a suculentas ofertas económicas ofrecidas por el entorno de Blatter. Las acusaciones se hicieron públicas en 2002, justo antes de las siguientes elecciones, y vinieron por parte de Farah Ado, presidente de la Federación de Somalia y vicepresidente de la Confederación Africana de Fútbol. Ado denunció que la noche anterior a la votación de París los maletines camparon a sus anchas por el hotel de los representantes africanos, y que él mismo fue tentado con nada menos que 100.000 dólares para apoyar a Blatter. La denuncia era grave, pero no había pruebas que la sustentaran. Además, como el presidente de la CAF, Issa Hayatou, se presentaba entonces como rival de Blatter, el interés por perjudicar al suizo desde África parecía más que evidente. Al final, Blatter ganó cómodamente esa votación de 2002 y luego salió absuelto del escándalo por falta de pruebas.

Desde ese momento nadie se posicionó seriamente como alternativa al Presidente de la FIFA. Pese a los constantes escándalos, el organismo fue creciendo en importancia política y económica, y patrocinadores y televisiones llenaron las arcas a rebosar. En 2007 (teóricamente la elección debería haber sido en 2006, pero se retrasó un año y desde entonces no coincide con los años mundialistas), Blatter no tuvo que enfrentarse a ningún contrincante. El año pasado, cerca del final de su actual mandato, algunos comenzaron a postularse, pero la idea de todos ellos parecía más bien la de ir tomando posiciones ante la que se preveía que iba a ser la madre de todas las batallas, la de 2015, teóricamente ya sin Blatter, que cumple ahora 75 años. Michel Platini, Ricardo Teixeira, Mohammed Bin Hammam y Chung Mong Yoon hablaron públicamente de sus aspiraciones de una forma más o menos directa, aunque finalmente todos descartaron presentarse en 2011. Blatter parecía tener el camino despejado para afrontar por aclamación un último mandato, pero tras hacerse con el Mundial 2022 para Qatar, Bin Hammam rompió su promesa y anunció que competiría por la Presidencia de la FIFA ya este año.

Mohammed bin Hammam

La maquinaria electoral se ponía en marcha. Los candidatos, además de manifestar su intención de concurrir a la elección, debían ser propuestos oficialmente por alguna de las 208 federaciones nacionales con derecho a voto. Algo que no supuso ningún escollo ni para Blatter ni para Bin Hammam, pero sí para un sorprendente outsider. Movido por la indignación tras la elección de Qatar como sede mundialista, por todo lo que vio en Ginebra, por lo que le contaron, por lo que se imaginaba y por lo que ya sabía de la FIFA, el periodista estadounidense Grant Wahl irrumpió en la carrera presidencial, medio en serio medio en broma. Con un programa basado en la modernización del organismo, su objetivo era, al menos, descubrir desde dentro todo lo que se movía alrededor de estas votaciones, y a fe que lo consiguió. Su campaña nos sirvió para conocer un poco mejor los entresijos de esa descarnada batalla: sigilosos y anónimos intermediarios, ofertas y promesas de todo tipo (también económicas), y sobre todo miedo, mucho miedo, a enfrentarse al poder establecido. En Sports Illustrated, publicación que merece algo más que un vistazo a su especial de bañadores, Wahl nos relató una auténtica película de intriga en la que lo único que queda claro es que los hilos del fútbol se mueven muy lejos de los campos, pero siempre dentro de “la familia”.

SPORTS ILLISTRATED: My story: What happened when I decided to run for FIFA president

En su largo y altamente recomendable artículo, Wahl da con una de las claves de las elecciones presidenciales. Una vez en el Congreso, las federaciones pueden votar al candidato que quieran de un modo razonablemente secreto, pero si quieren proponer un candidato deben hacerlo públicamente, avalándole. Es decir, que quien proponga una alternativa al poder queda marcado. Y por unas cosas u otras, pocos se arriesgan a dar ese paso, salvo que sea para apoyar a alguien que ya tenga bastante poder, como Bin Hammam (presidente de la Confederación Asiática), y siempre que sea escenificando un apoyo en bloque de una zona determinada. Política pura y dura. De hecho, una de las primeras conclusiones a la que llegó Wahl fue la de que, en contra de lo que podría parecer en un principio dada la naturaleza “frívola” de su candidatura, le sería más fácil encontrar apoyos entre las Federaciones de los países más potentes y grandes, que entre las débiles (de países pequeños y poco significativos futbolísticamente), sometidas al yugo económico de los dirigentes de la FIFA y sus programas de desarrollo. Pese a los esfuerzos del periodista por ofrecer una imagen solvente, demostrando que sí iba en serio, su condición de “extraño” al mundo FIFA pesó más. El 1 de abril era la fecha tope para que las federaciones que así lo desearan presentaran a sus respectivos candidatos, y nadie apoyó a Grant Wahl (“sí, lo que propones está muy bien y te daría mi voto, pero…”).

Joseph Blatter, cabeza de familia FIFA

Así llegamos a mayo de este año, con los dos candidatos oficialmente nombrados buscando votos desesperadamente, aunque con una ventaja aparentemente clara para Blatter, que contaba con el apoyo de la Confederación Africana y de la UEFA. Fiel a su tradicional forma de actuar, buscando su mayor beneficio, Jack Warner no se posiciona claramente, aunque hasta ahora siempre había apoyado a Blatter. Mohammed Bin Hammam le pide que organice una reunión con las 25 federaciones caribeñas, que forman una asociación “independiente” (CFU) integrada en la CONCACAF que dirige Warner. La reunión se celebraría en un lujoso hotel de Trinidad y Tobago (país natal de Warner, y del que además es ministro de Transportes), los días 10 y 11 de mayo. Como parece ser costumbre en estos casos, el candidato que quiere exponer su programa corre con todos los gastos del encuentro, y además decide ofrecer un obsequio a los asistentes. Aquí empieza la película. Unos días antes de la reunión, Warner se pone en contacto con Sepp Blatter para informarle de que Bin Hammam tiene pensado entregar 40.000 dólares a cada federación miembro de la CFU, federaciones que luego tendrán que votar por uno u otro en el Congreso de la FIFA. Y no hace falta ser una eminencia para comprender que el obsequio no es más que un soborno para votar por Bin Hammam.

El 'amigo' Jack Warner

¿Por qué avisa entonces Warner a Blatter, el rival de Bin Hammam? La versión oficial ofrecida por ambos ante el Comité Ético de la FIFA es que Warner simplemente le pidió opinión a Blatter, como presidente de la FIFA, sobre la conveniencia o no de entregar y aceptar ese dinero. Ambos coinciden también en señalar que Blatter le recomendó a Warner que no lo hicieran, pero que al final Bin Hammam decidió pagar. Personalmente, me cuesta creer esa versión tan inocente. Después de tantos años dentro de la FIFA, ambos saben muy bien lo que se debe y lo que no se debe hacer antes de unas elecciones, y también sabían perfectamente de qué estaban hablando. Por eso me inclino a pensar que Warner simplemente le estaba informando a Blatter de las cantidades que Bin Hammam ponía sobre la mesa para ganarse los votos caribeños. ¿El motivo? Quizás esperara una contraoferta del suizo. O tal vez, siendo aún más conspiranoicos, puede que todo esto fuera una estrategia urdida por Blatter desde el primer momento para deshacerse de la competencia, de manera que Warner sería una especie de agente doble que aparentemente ha acabado siendo sacrificado. Pero esto son sólo opiniones personales. El caso es que Blatter, aunque sabe (o supone) lo que va a pasar en esa reunión de la CFU, no hace nada, salvo regalar varios ordenadores portátiles y proyectores para que el encuentro quede más bonito. Según los estatutos de la FIFA, no tiene obligación de denunciar algo ilegal que sabe que puede ocurrir pero que todavía no ha ocurrido. Esa será la carta que se guarde bajo la manga para salir triunfante de la batalla.

Como a estas alturas bien sabe ya Mohammed Bin Hammam, el problema de intentar sobornar a tanta gente es que se corre el riesgo de que alguno te salga honrado. Y estando en la FIFA el riesgo es doble, porque puede que tengas la mala suerte de que te toque el honrado, pero también (y sobre todo) porque puedes encontrarte con la horma de tu zapato. Siendo buenistas, el bahameño Fred Lunn (vicepresidente de la federación de su país) parece que encaja en el reducido grupo de los honrados.

Equipo de Futbol Playa de Bahamas vencedor de la Copa Presidente. Fred Lunn, el 'honrado' Vice-Presidente Ejecutivo dela BFA, es el primero de la derecha.

Cuando el 10 de mayo le hicieron entrar en un despacho del hotel y pusieron ante él un sobre con el nombre de su federación por fuera y 40.000 dólares en efectivo por dentro, Lunn sólo acertó a decir que él no estaba autorizado a recibirlo, y le envió un SMS a Anton Sealey, su presidente, para que le diera instrucciones, mientras un dirigente de la CFU le urgía para que agarrara el sobre y se marchara. Sealey no sé si es honrado o muy inteligente, pero ordenó a su hombre que no cogiera el dinero bajo ningún concepto. Era mal día para aceptar dinero en efectivo dentro de un sobre marrón: en el Parlamento de Londres Lord Triesman se despachaba a gusto contra los miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA, acusándoles de corrupción.

Prueba del soborno aportada por la Federación de Bahamas

Otros dirigentes caribeños no tuvieron tantos escrúpulos y sí aceptaron su regalo. Al día siguiente, durante la segunda jornada de la reunión, y siempre según el testimonio de los federativos de Bahamas, Jack Warner quiso tranquilizar a todos diciendo que lo del dinero era cosa suya. Según Warner, Bin Hammam quería hacer un caro obsequio a los presentes, pero él le había recomendado que donara esa cantidad a la CFU, y por tanto ese dinero en efectivo era ya de la CFU, que a su vez lo repartía entre sus miembros para que lo invirtieran libremente en los proyectos que consideraran más necesarios, fueran los que fueran. Curiosa operación financiera, realizada por alguien (Warner) sin ningún tipo de poder ejecutivo dentro de la CFU. Pero por mucho que intentaran disfrazar la realidad, el daño ya estaba hecho. El diligente Sealey se había puesto en contacto con nuestro querido Chuck Blazer, secretario General de la CONCACAF y mano derecha de Warner. Chuck Blazer, ese hombre que le costó a la FIFA 90 millones de dólares por sus malas artes en la negociación del patrocinio con VISA, pero que pese a ello siguió trabajando para el organismo, quién sabe si con alguna deuda pendiente con Blatter. Chuck Blazer, ciudadano de Estados Unidos (país que competía por Qatar por el Mundial 2022), que ya actuó contra la candidatura qatarí semanas antes de la elección por aquella nota que Villar le había pasado a Bin Hammam en una reunión. Mohammed Bin Hammam, sí, el rival de Sepp Blatter, quien a su vez sabía por Jack Warner que el qatarí iba a sobornar a varias federaciones… Son sólo unos antecedentes. Que cada uno construya su historia. En la mía, los bahameños no son tan inocentes.

El chivato de Chuck

En un repentino ataque de integridad, Blazer comunicó los hechos al Comité Ético de la FIFA, desde donde le recomendaron que aportara pruebas. Obrando por su cuenta y riesgo, Blazer encargó a un abogado a sueldo de la CONCACAF (algo para lo que teóricamente debía solicitar permiso a su Comité Ejecutivo) que recogiera todas las pruebas de los hechos para acusar a los propios miembros de la CONCACAF (que pagan a ese abogado) de aceptar sobornos. Las fotos realizadas por el bahameño Lunn al sobre con el dinero, así como los mensajes cruzados esos días entre los bahameños, Blazer y Warner, resultaron claves. También se consiguió probar que Bin Hammam había corrido con todos los gastos de la reunión, de unos 360.000 dólares (pagados con antelación a la agencia de viajes propiedad de la familia de Warner que ya estuvo envuelta en el escándalo de la reventa de entradas para Alemania 2006), lo que demostraba que los pagos posteriores no eran precisamente para las dietas. Al final, Blazer denunció incluso a Blatter, por considerar que estaba al corriente de todo y no había hecho nada por impedirlo.

La batalla por la presidencia de la FIFA quedó entonces finiquitada. Según los estatutos del organismo, Blatter no había hecho nada ilegal (y estoy convencido de que eso también lo sabía Blazer cuando denunció al suizo), mientras que los indicios contra Bin Hammam eran más que concluyentes. Este pasado domingo, unas horas antes de la reunión del Comité Ético, el qatarí anunció que no se presentaría a la elección. Luego el Comité hizo pública la narración de los hechos que acabo de contar y, como se esperaba, absolvió a Blatter y suspendió provisionalmente de todos sus cargos relacionados con el fútbol a Bin Hammam y a Warner, además de a los dos dirigentes de la CFU encargados de ofrecer los sobres con dinero. La vista definitiva del caso se celebrará en julio, y raro sería que la sanción no fuera permanente.

Salvo brutal giro de los acontecimientos (no descartable, ojo), Jack Warner parece ser la víctima colateral de esta guerra interna iniciada porque la ambición de Bin Hammam le hizo no respetar los plazos implícitamente acordados por “la familia” para suceder a Blatter. Y Warner ha hecho lo que se suele hacer en estos casos: encender el ventilador. Declaró que Blatter también había corrido con los gastos de una reunión con la Confederación Africana y había pagado un millón de dólares a la CONCACAF sin la autorización del Comité Ejecutivo, pero que entonces nadie había considerado que eso implicara que el Presidente estaba comprando voluntades. Intentó desacreditar a Blazer usando el caso VISA (el juez de Nueva York que investigó el asunto desestimó el testimonio del estadounidense por considerarlo “preparado y repleto de incoherencias”), y acusó al Comité Ético de limitar su derecho a la defensa y de ser una farsa orquestada por Blatter para condenarles. Por último, recordando que llevaba casi 30 años en los pasillos de la FIFA, amenazó con provocar un tsunami en el seno del organismo. Lo que hizo fue desvelar una cadena de correos electrónicos entre él mismo y Jerome Valcke, Secretario General de la FIFA (puesto que alcanzó, recordaréis, tras tomar parte en esa “maravillosa” negociación con VISA). En esos e-mails, Valcke minimizaba las posibilidades de Bin Hammam de ser presidente por no contar con los apoyos suficientes, al tiempo que expresaba su incredulidad ante la propia candidatura del qatarí: “¿Qué se piensa, que puede comprar la presidencia de la FIFA como compró el Mundial?”.

Cómo le pica la nariz. ¿Alergia al fair play?

La frase venía a confirmar todas las sospechas británicas, pero Valcke dijo que estaba sacada de contexto y que el malentendido se debía al lenguaje más informal que se usaba en la comunicación vía mail. Que cuando opinaba sobre Bin Hammam lo hacía a título exclusivamente personal, no como Secretario General, Y que cuando decía “comprar”, en realidad se refería a “usar todas las armas políticas y financieras legalmente permitidas para inclinar a su favor la decisión del Comité Ejecutivo”. La Federación Inglesa, que había dicho que se abstendría en la votación a presidente a modo de protesta, anunció que solicitaría un aplazamiento de la misma para que se investigara todo el escándalo. Desde Alemania se habló de solicitar una revisión de todo el proceso por el que Qatar había sido designada sede mundialista, y algunos patrocinadores de la FIFA comenzaron a expresar su malestar por todas estas noticias. Pero la ola creada por Warner no alcanzó la altura que esperaba. Blatter salió de inmediato en defensa de su Secretario General, desmarcándose de las actuaciones presuntamente corruptas de los miembros del Comité Ejecutivo (hasta 10 de los 24 miembros han estado envueltos este mes en acusaciones de este tipo) alegando que él no los elige. También descartó una posible revisión de la elección de Qatar 2022 (quizás porque Bin Hammam decidió retirarse a tiempo de la carrera presidencial, dicen las malas lenguas). Y, por supuesto, ante los problemas que “hacen temblar la pirámide de la FIFA” solicitó a las federaciones todo su apoyo hacia su figura como líder: “Todo debe solucionarse en familia”. Dicho y hecho. De manera sorprendente, el inhabilitado Jack Warner pidió a los miembros de la CONCACAF que respaldaran a Blatter en el Congreso. Mientras, en un movimiento casi cómico, el nuevo presidente en funciones de esa confederación anunciaba el cese del chivato Chuck Blazer, acusándole de haber manchado el buen nombre de sus asociados, pero apenas una hora después el Comité Ejecutivo de la CONCACAF desautorizaba a su presidente interino por carecer del poder necesario para tomar una decisión así. De locos.

Hasta aquí los hechos. Cuando sepamos lo que les ocurre finalmente a Bin Hammam, Warner y Blazer se despejarán muchas incógnitas sobre su verdadera implicación en la trama. Pero de momento lo que sabemos es que Blatter ya ha conseguido su propósito. Este miércoles, durante el Congreso de la FIFA, el presidente de la FA solicitó formalmente el aplazamiento de las elecciones. Inmediatamente otros cinco miembros (Haití, Congo, Fiyi, Benín y Chipre) pidieron el apoyo unánime a Blatter, algunos de manera lamentablemente servil y sin más razones que un aplauso al líder, mientras que Julio Grondona, uno de los señalados por la Federación Inglesa, recogió el guante y atacó a la FA y a toda Gran Bretaña por su actitud agresiva contra la FIFA (“dejen en paz a esta familia”), abriendo una herida que veremos cómo se cierra. Más dirigentes, entre ellos Villar, redundaron en la necesidad de resolver los conflictos “dentro de la familia”. La votación de la propuesta inglesa no dejó lugar a dudas: sólo 17 federaciones apostaron por el aplazamiento de las elecciones, mientras que 172 decidieron continuar adelante. En su posterior discurso, Blatter prometió potenciar la importancia del (manejable) Congreso en detrimento del (corrupto) Comité Ejecutivo, y se erigió en el capitán que salvaría un barco en apuros y acabaría con los demonios que existen en la organización. Todo desde dentro de la familia, por supuesto. Unas horas después, 186 federaciones decían sí a Sepp Blatter, mientras que otros 17 miembros (tal vez los mismos de antes) se oponían. A eso de las seis de la tarde, el suizo era formalmente reelegido Presidente de la FIFA para los próximos cuatro años, tal y como estaba previsto desde antes de que a Bin Hammam se le ocurriera luchar contra él. ¿Fin de la historia? No lo creo.

¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!

11 pensamientos en “La familia FIFA por snedecor

  1. Increíble. Solo puedo dar mi aplauso. La verdad que mis expectativas han sido cumplidas. Eres un genio (y Flagrant por las fotos, jejeje).

    Por cierto, a cuál te referías que iba a ser muy importante?

  2. A ver donde encajamos a Villar en todo eso. FEF, UEFA, FIFA, 20 años en la cima
    Toma el dinero y corre.
    En Mallorca se intentó presentar Alemany de presidente a la FEF y le hicieron las mil y una. Hasta que se quedó solo y desquiciado.

  3. Gracias Free y Batua. Me refería evidentemente a la foto del sobre con dinero, que es la real que presentaron ante el Comité Ético. Las demás… bueno, ahora entiendo la tardanza en publicar el post, vaya despliegue.

    Por cierto, de verdad que el artículo de Wahl merece una lectura reposada

  4. Ya me leí tranquilamente el artículo de Wahl y pues las conclusiones son las que él saca básicamente. Eso sí, muy divertida la historia de cuasi-espionaje, todo lo de la paranoia y demás.

    Me quedo con lo de que la Federación del país más corrupto propusiera a Blatter y él pedía la nominación de Dinamarca, jajaja.

    Lo que está claro es que tienes que entrar en esa “familia” desde abajo (si tienes suerte y eres de una Federación fuerte, irás a mando intermedio rápido) y para ser Padrino tienes que ser un político bastante mejor de lo que tenemos aquí.

  5. Extraordinario, Snedecor, ha merecido la pena la espera.

    A bote pronto, me temo que Gran Bretaña va a tardar bastante en organizar un Mundial. Es lo que tiene ser adalid del juego limpio en un mundo corrupto que… un momento…espera… mientras tanto no dijeron nada cuando Gallardón protestaba por la elección de Londres para los JJOO de 2012, cuando COI y FIFA son primos hermanos, con las mismas normas para elegir entre los candidatos a organizar el evento.

    También es significativo que la denuncia, la investigación y el posible castigo queden dentro de la “familia”. No debería ser posible que este tipo de organizaciones estén constituidas al margen de tribunales.

    En fin.

    Bienhallado, crack.

  6. Muchas gracias Greatmike. Precisamente hoy Sebastian Coe (que si recordáis fue presidente del Comité Ético hasta que decidió enrolarse en la candidatura inglesa) dice que ya entonces veía desde dentro que el sistema de elección de sedes traería problemas…
    http://soccernet.espn.go.com/news/story/_/id/926090/fifa-anti-corruption-stance-disappoints-lord-coe?cc=5739

    Y sobre el tema del post, siguen sucediéndose las noticias. A saber: la FIFA contrata a un ex-director del FBI que ha montado su propia agencia privada de investigación para que indague en el caso de los sobornos caribeños:
    http://espn.go.com/sports/soccer/news/_/id/6622619/fifa-hires-ex-fbi-boss-louis-freeh-agency-bribery-probe

    No sólo eso, sino que Blatter también le ha pedido ayuda nada menos y nada menos que a Henry Kissinger. No descarto un golpe de estado en la FIFA:
    http://soccernet.espn.go.com/news/story/_/id/925472/sepp-blatter-asks-henry-kissinger-to-help-clean-up-fifa?cc=5739

    Y por último, la CONCACAF ha vuelto a cambiar de presidente, por tercera vez en menos de una semana. Primero la FIFA suspendió a Warner, y ahora es la propia CONCACAF la que suspende a su sustituto por intentar echar a Blazer de la organización sin tener permiso para ello:
    http://soccernet.espn.go.com/news/story/_/id/925813/concacaf-suspend-leslie-austin-for-rule-violation?cc=5739

  7. Salta la noticia: Jack Warner ha comunicado su dimisión de todos sus cargos en organismos futbolísticos internacionales, de los que había sido apartado temporalmente mientras se investigaba el caso que os contaba en el post. La FIFA le agradece el gesto y sus 30 años de servicios, y anuncia el cierre de la investigación del Comité Ético en la parte que le afectaba por aquello de mantener la presunción de inocencia.

    http://www.fifa.com/aboutfifa/organisation/media/newsid=1455834/index.html

    Flipa

  8. Regreso tras unos días desconectado y veo que finalmente la FIFA ha suspendido a Bin Hammam a perpetuidad. Esperable, una vez que no renunció voluntariamente como Warner. El qatarí seguramente recurrirá la decisión al TAS y también acudirá a la justicia ordinaria, así que el tema todavía va para largo. Pero el mensaje de la FIFA queda meridianamente claro

    Por cierto, Chuck Blazer se va con una amonestación oficial por insinuar que había miembros de la Confederación Caribeña investigados, cosa que no era cierta. Volverá a sus cargos en la CONCACAF

  9. ¿Acudir a la justicia ordinaria tras la pillada de soborno? Supongo que lo que pretende es rebajar la suspesión a perpetuidad. Qué poca comprensión ante la generosa cultura de los regalos.

  10. Hombre, lo de la suspensión a perpetuidad me parece una cafrada hasta para Blatter, pero supongo que lo quiere tener todo bien atado al menos hasta el mundial 2014.

    Por cierto, ayer vi la peli de Kusturica sobre Maradona y el Diego, aún drogado, salía con la lucidez suficiente para decir algo así como, en la FIFA, Havelange vende las armas y Blatter las balas (hablamos del 94 o así). Desde luego, siempre se han escondido poco. La peli, entretenida como hagiografía (la Iglesia maradoniana sale en grandes cantidades) pero al final acaba siendo una reunión de dos tipos que están encantados de conocerse. Kusturica cada vez me parece mejor músico y peor cineasta.

  11. Pues espérate que esto aún no ha acabado. Decía en el texto que “Mientras, en un movimiento casi cómico, el nuevo presidente en funciones de esa confederación anunciaba el cese del chivato Chuck Blazer, acusándole de haber manchado el buen nombre de sus asociados, pero apenas una hora después el Comité Ejecutivo de la CONCACAF desautorizaba a su presidente interino por carecer del poder necesario para tomar una decisión así.”

    Este buen hombre que quiso destituir a Chuck Blazer se llama Lisle Austin, era vicepresidente de la CONCACAF desde hacía la pila de años y, como quedó dicho, como presidente interino no tenía poder para tomar esa decisión. Por esa extralimitación, el Comité Ejecutivo decidió no sólo respaldar públicamente a Blazer, sino destituir al propio Austin y suspenderlo de sus cargos en la confederación. Austin no se lo tomó nada bien y empezó a reclamar una auditoría para demostrar que Blazer llevaba años enriqueciéndose indebidamente mediante comisiones (¿quién lo hubiera imaginado?), y llevó a los juzgados de Bahamas su caso de inhabilitación. Como respuesta, la FIFA lo acaba de suspender a escala mundial de toda actividad relacionada con el fútbol durante un año, por incumplir el artículo de sus estatutos en el que se impide a sus miembros llevar ante la justicia ordinaria cualquier asunto relacionado con el fútbol (un año de suspensión siempre y cuando retire la demanda, porque si sigue adelante la suspensión durará lo que duren las diligencias).

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