DECLARACIONES DE FINAL DE CURSO por rosschack

El final de curso es una de las tres causas de stress en un Instituto. La primera es, claro, el inicio y la segunda los meses que van de octubre a mayo. Estoy sumergido en estas profundas reflexiones mientras vigilo un examen cuando un dedo levantado me insta a salir de mi meditación. “¿Qué quieres, Martínez?”, “Se me ha olvidado poner la fecha ¿qué día es hoy?”, “Ya lo he dicho tres veces, pon el que te dé la gana”. Me doy un pequeño paseo para despejarme. Estos momentos son muy aburridos; los profesores parecemos guardias civiles apostados en una curva de la autovía. Aquí viene otra pregunta inteligente; Rupérez, el alumno que estudia milimétricamente para sacar un 5 pelado: “¿Cuánto vale cada pregunta?”, “Pues calcúlalo tú, Rupérez, si he puesto cinco…ah y no uses la calculadora, por favor”. Se oyen algunas risitas. Son los empollones, el resto ni se ha enterado y no precisamente por su intensa concentración.

Voy hacia mi mesa, dar vueltas por la clase les pone más nerviosos y a mi me cansa. Estoy haciendo ímprobos esfuerzos para no bostezar cuando se acerca Rodríguez, con su melena rubia al viento y disfrazado con la blanca camiseta de Sergio Ramos: “La pregunta Cómo y cuándo invadieron los musulmanes la Península Ibérica ¿es eso de cuándo entraron los moros en España?”, “¿Y tú qué crees?”. “Pues no sé, en mi cuaderno no viene así”. Me callo para no decir una barbaridad. Milagrosamente, se da cuenta, pero sigue “y esto ¿está bien? ¿basta con poner esto?” dice poniendo su examen delante de mi nariz; “cuando lo corrija, te lo diré, siéntate”; “vale, vale – se queja-, me trata así porque soy del Madrid”. Lo que me faltaba, que este imberbe me acuse ahora de discriminación: “pues sí señor, sólo por llevar esa camiseta tienes un punto menos y ahora, a tu sitio o te saco la tarjeta amarilla”. Hay que dar a la gente lo que espera de uno.

La tortura está a punto de finalizar. Bermúdez,  el típico alumno que se las da de maduro, entrega el examen y se sienta junto a mi mesa, apoyado en la ventana. Si pusiera los pies en una silla el tipo se creería en su cuarto de estar: “Bueno, maestro, ¿qué me dice de lo de Mourinho?”, “Estoy en un examen, Bermúdez, cuando acabe”. Ni caso. “Pues yo creo que el tío ese tiene unos cojones así de grandes”, “controla tus expresiones –le amonesto- o te pongo un parte”. Como si nada: “Si Mou fuera el entrenador del Barça no me diría eso”. Otro que tal. La ola de victimismo llega a todas partes. Termina el partido, digo la clase,  y me entregan los ejercicios. Bermúdez sigue a lo suyo “Mou tiene razón, nos discriminan”, “Pues nada chico, utilizad “vuestro” presupuesto en sobornar a los árbitros”.

Cambio de clase. Como siempre, voy hacia mi mesa y los alumnos no se sientan. Irrumpe en el aula Domínguez, el madridista exaltado. Pase lo que pase, gane el Madrid, pierda el Barça o al revés, tiene siempre la misma frase: “Maestrooooo… ¡viva Mou! ¡puta Barça!”, qué cansino es…”Niño, modera tu lenguaje ¿no tienes otro argumento?”, “No, porque es la verdad”. Gómez, un tímido barcelonista aislado por sus compañeros me  sugiere “¿No considera Ud. que la sanción a Mourinho por lo que dijo estuvo bien?”, “No me acuerdo de lo que dijo pero deberían haberle sancionado por ser quien es.” le respondo, provocando gratuitamente. “¿Lo ve, lo ve? Siempre igual ¡puta Barça!”…, “¡¡Domínguez!!”. Mientras esto sucede trato inútilmente de encender un vídeo. Siempre pasa algo y he llegado a la deprimente conclusión de que es por mi culpa. Soy un inútil; de los que cuando se funde una bombilla cambia de lámpara. Sudo copiosamente hasta que consigo, no sé cómo, que el aparato funcione. Les he puesto un documental de Canal Historia. La nula atención hacia el programa me hace preguntarme eso tan difundido ahora de ¿por qué, por qué?

Suena el timbre. Gracias a Dios tengo un hueco. Bajo a la sala de profesores. Allí me encuentro con García, el profesor megaculé. “Qué tal, campeón…–últimamente me saluda así – ¿has leído lo último de Mourinho?” “Pues no”, contesto. Se lanza: “Es un impresentable, ahora quiere ir de bueno….con niños y todo, pero dando leña por lo bajo y encima tiene a toda la caverna mediática detrás. Y la central lechera echándonos mierda siempre que puede”. No sé si el que habla es él o el Sport. Me lo quito de encima como puedo: “Voy a comprar el periódico, a ver si me entero”. He estado rápido, esta vez.

Salgo fuera y enciendo un cigarrillo. Un alumno rezagado pasa y me ve: “Maestro, fumar es malo”, “Pues no lo hagas” respondo. Ni en la calle me dejan tranquilo. Opto por ir a un bar cercano. Antonio, el dueño, es muy culé. Entro y saludo “¿Qué tal? Un café con leche fría, por favor”, “¿Has leído lo de Mourinho?”, me dice el propietario mientras me acerca el diario. No tengo ganas de decir nada, pero como soy un habitual, respondo con educación: “Parece que esta vez ha estado correcto…”. Un cliente me interrumpe. Ay, no quiero iniciar una discusión. “Pues yo creo que tiene razón (¿pero, ha dicho algo?), lo que le molesta a la gente es que no se calla”, “Claro –interviene Antonio- no le responden porque son educados”; “No le responden -aclara el cliente- porque no tienen argumentos. Usted, que es profesor al parecer (¡!) ¿qué piensa?” Yo no pienso nada; estoy harto de prepartidos y postpartidos, de cavernas, lecherías y señores que mean colonia. A mi sólo me gusta ver el fútbol. “Pues no tengo una opinión formada” aclaro, muy en mi papel. Pago y salgo.

Regreso al Instituto. A tiempo, hay cambio de hora; unos alumnos bajan corriendo, y otros suben también a la carrera. Mientras voy sorteándolos con experta pericia, oigo, desde la planta de arriba: “¡Hala Madrid!”, “¡Puta Barça!”, “¡Domínguez, cállate!” advierto sin mirar. Entro en clase. 1º de Bachiller. Voy por la Revolución Rusa (muy atrasado, lo reconozco). Cojo una tiza y escribo en la pizarra lo que vamos a ver al comienzo de la clase. De repente, estalla una carcajada general. Álvarez, el más listo, me mira con cara de estupefacción. “¿Qué pasa Álvarez, he dicho algo gracioso?” “No profesor, perdone, pero es que ha escrito algo muy raro” ¿Raro? Me vuelvo y leo lo que acabo de escribir: EL EJÉRCITO BLANCO, DIRIGIDO POR MOURINHO, FUE DERROTADO FINALMENTE EN 1.921. Decididamente, necesito unas vacaciones.

7 pensamientos en “DECLARACIONES DE FINAL DE CURSO por rosschack

  1. ¿Y porqué no poner en las clases una asignatura llamada Mourinhología?
    Podría abarcar temas de filosofía, comunicación, psicología, economía, política, derecho, sociología, en fin , casi todas la ciencias sociales. Ya vemos que el interés de los alumnos está garantizado.
    Al final va a ser verdad eso de que España no está preparada para Mou😉

  2. Eso queda para mí, Flagrant. Y a ti te dejo con la incertidumbre. Hay cosas que no se cuentan.

  3. Pues casi mejor déjalo para las vacaciones. Veo que el ambiente escolar no es muy propicio para comentarlo. Si piensan que no lo has visto no te darán la brasa unos y otros. Aunque, ¿es eso posible?

  4. Creo que a estas alturas todos necesitamos unas vacaciones, tú el primero Rosschack.

    Aunque creo que la combinación de stress & full Mou, incentiva tu talento.

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